Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 118

Él aceptó de inmediato.

—Claro que puedo.

Mientras hablaba, extendió las manos hacia la espalda de Eleonor, ansioso por quitarle el vestido de fiesta.

—Hasta la cara la tiene tan suave —pensó para sí—. Seguro el pecho es mejor todavía.

Eleonor enredó los brazos sobre sus hombros, sus dedos finos se deslizaron entre su cabello. Su voz salió suave, casi un susurro.

—La cremallera no está atrás, está de lado.

Su tono era dulce, y su cuerpo igual de entregado.

Davi estaba tan embelesado que se inclinó para buscar la cremallera al costado. Apenas la tocó, de pronto sintió un dolor punzante en la cabeza.

Davi la empujó con furia, apretando la mandíbula.

—¡Maldita seas, qué diablos hiciste!

Eleonor salió disparada y fue a dar contra la pared. El cuerpo le temblaba, sin fuerzas, casi termina en el suelo.

Tardó varios segundos en estabilizarse. Al ver que Davi seguía gritando así, le sudaron las palmas de los nervios.

Sabía que su fuerza era poca, tal vez la inyección no surtiría el efecto que esperaba.

Davi, sujetándose la cabeza, avanzó hacia ella con una mueca torcida.

—Vas a obligarme a hacerte...

No terminó la frase. De pronto, cayó al piso con estrépito.

En ese mismo instante, un fuerte golpe resonó en la puerta del cuarto del hotel.

Pero Eleonor ya ni fuerzas tenía para distinguir nada. Solo supo que Davi no despertaría por un buen rato.

Su mente se quedó en blanco. Se dejó caer sentada junto al buró, temblando sin poder controlarse, el susto todavía recorriéndole el cuerpo.

...

Iker entró corriendo y lo primero que vio fue esa escena.

La chica, encogida y temblorosa, chorreando sudor, el cabello pegado al cuello, la piel pálida, la mirada perdida, acurrucada como si el mundo se le hubiera caído encima.

Afuera, Fabián empezó a sospechar que algo grave ocurría. Al imaginar que Eleonor de verdad podría estar en peligro, se lanzó hacia la puerta.

César se adelantó y lo bloqueó con el cuerpo, el rostro impasible.

—Señor Valdés, sin el permiso de nuestro jefe, nadie entra.

—¡Soy el esposo de Ellie! —replicó Fabián, fulminándolo con la mirada.

No por nada era el dueño de todo el Grupo Valdés. Cuando se ponía así, cualquiera podía temblar.

Pero César, curtido por los años al lado de Iker, ni se inmutó.

—Pregúntele a los demás si de verdad creen que usted es su esposo.

Pensando en la suerte de la señorita, César no podía ocultar el desprecio. Si Fabián hubiera sido un buen marido, Eleonor no habría estado sola esa noche.

...

Virginia, viendo que Iker llevaba rato sin salir, casi quería descorchar la champaña para celebrar.

—Ese Davi sí que es eficiente —pensó, satisfecha—. En tan poco tiempo ya resolvió el asunto.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado