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Mi Marido Prestado romance Capítulo 148

Al principio, cualquiera habría pensado que eran solo una pareja común y corriente.

Ahora las cosas estaban claras: ella, casada, y con un lío con el vecino del departamento de al lado.

Se le nubló la vista por un instante. No podía distinguir si Iker lo hacía adrede o simplemente no le pasaba por la cabeza, pero igual le soltó una mirada fulminante.

—¿Quieres que vayamos a Yiwu y te compre cien trajes al mayoreo? ¿Te alcanza con eso?

A pesar de la queja, Eleonor sabía mejor que nadie lo exigente que era él, así que terminó manejando hacia el centro comercial más exclusivo de la ciudad, de esos donde hasta para entrar necesitas membresía.

Cuando llegaron frente al área de ropa de hombre, una vendedora conocida se les acercó. Al ver a Eleonor, la mujer miró de reojo hacia otro punto, vacilando.

—Señora Valdés…

Eleonor frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

—No, nada.

La vendedora negó con la cabeza, pero al final no pudo contenerse y le murmuró en voz baja:

—Hace un rato… el señor Valdés vino acompañado de alguien.

No lo dijo tan claro, pero Eleonor lo entendió de inmediato.

Fabián había traído a otra mujer.

Eleonor se encogió de hombros y soltó una breve risa, mirando a su acompañante.

—Yo también vine con alguien más.

...

Como empleada de una marca de lujo, la vendedora ya estaba curtida en chismes de ricos y famosos, así que disimuló su sorpresa.

—Pensé que venía a comprarle ropa al señor Valdés.

Apenas terminó la frase, notó que el hombre junto a Eleonor, con ese porte impecable y aire elegante, endureció todavía más la mirada, casi como si le molestara lo que había dicho.

Estaba segura de que él era nuevo en la tienda. Un tipo así, imposible olvidarlo si lo hubiera visto antes.

—No, hoy vengo a comprarle ropa a mi hermano...

Eleonor empezó a explicar sin pensarlo mucho, pero de pronto se detuvo, dándose cuenta que ni ella misma tenía claro qué eran ella e Iker en ese momento.

¿Vecinos, socios, algo más?

Mejor cambió de tema:

—¿Dónde están los modelos nuevos?

—Por aquí, síganme.

Mientras la vendedora los guiaba, Eleonor comenzó a buscarle ropa a Iker. Después de todo, le debía una disculpa por lo de antes; al menos debía mostrar algo de buena voluntad, no fuera que luego él le reclamara que era tacaña.

Eligió un traje oscuro de rayas y se lo acercó.

—¿Te animas a probarte este? Siento que te quedaría perfecto.

La vendedora, observando todo, no pudo evitar notar que, justo al decir eso, la tensión en el aire se disipó y al hombre incluso se le notaba entretenido.

Estos dos parecían una pareja recién casada de esas que aún están aprendiendo a convivir, medio incómodos pero con química.

Ahora, ¿y el señor Valdés?

Bah, ese tampoco era santo de su devoción. Seguro la señora Valdés estaba tan destrozada que por eso se buscó a este galán de portada de revista.

Iker no puso objeción.

—Va, me lo pruebo.

Con esos hombros anchos, cintura estrecha y casi dos metros de altura, Iker era el ejemplo vivo del “triángulo invertido”. Y, para rematar, con esa cara de actor, el traje le quedaba mejor que a cualquier modelo de catálogo.

En ese momento, Eleonor entendió perfecto por qué las millonarias no dudaban en gastar una fortuna en sus “nuevos amigos”.

Cuando llegó la hora de pagar, sentía como si le arrancaran el corazón. Y todavía Iker tomó un cinturón y lo puso junto a la caja.

—Todo junto. Ella paga.

Nil aceptó encantada.

Con Nil, Eleonor se soltaba mucho más. Después de todo, la había cuidado desde pequeña, aunque ahora había cierta distancia.

En eso, llegó una llamada. Iker se excusó con voz tranquila.

—Voy a contestar afuera.

—Vale.

Eleonor asintió y aprovechó para pedirle al mesero que trajera más platillos.

Nil, con una sonrisa, comenzó a platicar de trabajo.

—Lo que te mandé por WhatsApp en la tarde, ¿qué piensas?

Eleonor apenas lo había visto por la mañana, con las prisas.

—Sí, lo revisé. Pero creo que podríamos ajustar la cantidad y ver qué sale...

...

De pronto, una voz interrumpió.

—Ellie, doctor Jiménez… ¡sí eran ustedes!

Era Virginia, apareciendo del brazo de Fabián. Ella miró a Fabián con intención.

—¿Ves? Te dije que Ellie y el doctor Jiménez son uña y mugre, y tú que no creías.

Fabián no se esperaba encontrarse a Eleonor y Nil cenando juntos. Sin perder la compostura, le habló a Eleonor.

—Ven conmigo un momento.

Eleonor, para no poner incómoda a Nil, se levantó y lo siguió.

Apenas salieron del restaurante, Fabián, con una mirada cortante, la tomó de la muñeca y la arrastró hacia el elevador.

—Vámonos a casa.

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