Hace seis años, alguien—nadie supo nunca quién—entregó de repente una cadena completa de pruebas a la estación de policía y, además, ejerció presión en las sombras. Así, en menos de cinco días, la policía resolvió el caso a una velocidad sorprendente.
Los padres de Davi terminaron señalados como asesinos y los condenaron a cadena perpetua.
La mirada de Alma, aguda y dura como un cuchillo, se posó sobre él.
—Entonces, ¿no sabes quién fue el que los hizo terminar en la cárcel, verdad?
Davi se quedó pasmado.
—¿Quién?
—Tu adorado primo.
El rostro de Alma se endureció aún más, y su voz salió tajante.
—El que entregó la cadena de pruebas y presionó desde las sombras fue él. En aquel entonces, se dio cuenta de que la muerte de sus padres tenía gato encerrado y, para poder crecer en secreto, decidió mudarse de la casa vieja.
Pero Iker era demasiado implacable y decidido, no dejó que la familia Rodríguez tuviera ni un segundo para reaccionar.
En tan solo tres años, Iker expandió su imperio a toda velocidad. Cuando Alma quiso reaccionar, el Grupo Rodríguez ya estaba prácticamente bajo su control.
Alma, quien había manejado el Grupo Rodríguez durante casi media vida, tuvo que ceder el puesto y hacerse a un lado.
Pudo haberse negado, sí, pero las otras empresas bajo el mando de Iker habrían devorado en poco tiempo las acciones de la familia Rodríguez, absorbiendo por completo al gigantesco Grupo Rodríguez.
Parecía que tenía opción, pero en realidad, ni siquiera la dejaron con una salida.
Solo después de ese golpe, Alma se dio cuenta de la bestia que la familia Rodríguez había criado en casa.
Davi no podía creer lo que oía. Sus ojos reflejaban la confusión.
—¿Iker? ¿Cómo puede ser él? Mi papá era su tío de sangre…
Cuando reabrieron el caso, Davi barajó un montón de posibilidades.
Pensó que quien había entregado las pruebas en secreto podía ser alguno de los rivales de su padre en los negocios, pero jamás imaginó que sería Iker.
No terminó la frase, porque Alma lo interrumpió:
—Tu tío, es decir, el papá de Iker, era hijo fuera del matrimonio. Lo tuvo una mujer que no era parte de la familia.
Al escuchar esto, la mente de Davi se quedó en blanco.
Eleonor siguió la mirada de la enfermera y vio estacionado un carro: un reluciente Rolls-Royce alargado.
El mismo carro que usaba la abuela de la familia Rodríguez.
—No es de mi familia.
Contestó al paso, sin mucho ánimo de dar explicaciones, y siguió su camino hacia la salida.
En cuanto la vio salir, Javier bajó del carro y abrió la puerta de atrás, haciendo una pequeña reverencia.
—Señorita Muñoz, por aquí, por favor.
—Gracias, Javier.
Eleonor apretó el bolso con fuerza; sabía que no podía evitar esto, así que se inclinó y subió al carro.
En el asiento trasero, Alma la esperaba con el ceño duro y los ojos afilados, los labios tensos. Sin rodeos, preguntó con voz seca:
—¿Ya te divorciaste de Fabián?

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