Al final, todos terminaron siendo desmentidos por los logros de Eleonor.
Ya había quedado atrás la época en la que la antigüedad determinaba el éxito o el fracaso.
Álvaro, al ver las miradas de asombro y sorpresa dirigidas a su aprendiz, no pudo evitar sonreír de orgullo, tanto que hasta le dolían las mejillas.
—Que este medicamento haya podido desarrollarse sin contratiempos se debe, en gran parte, al apoyo de mi maestro y de todo el equipo de investigación —dijo Eleonor, con toda la calma del mundo, como si nada la alterara.
Sin inmutarse ante las miradas que le lanzaban, Eleonor continuó con firmeza:
—Cuando sea la presentación oficial del medicamento, ojalá puedan acompañarnos. Están todos invitados.
—Por supuesto, por supuesto, ¡ahí estaremos!
—Señorita Muñoz, de verdad que es admirable ver a alguien tan joven y talentosa.
—Señorita Muñoz, soy el presidente de BioInnovación, aquí tiene mi tarjeta…
Ni siquiera le dieron oportunidad de decir nada más antes de que empezaran a acercarse uno tras otro, buscando entablar conversación con ella.
En ese instante, ella era el centro de todo. Solo por ser Eleonor.
Aquellos personajes del mundo político y empresarial, que antes jamás reparaban en la gente común, ahora no podían apartar la vista de ella.
El simple hecho de ser parte fundamental en el desarrollo de un tratamiento revolucionario contra el cáncer era suficiente para abrirse camino entre la multitud.
Y eso sin mencionar que apenas tenía veinticinco años.
Le quedaba un largo camino por delante; nadie podía predecir hasta dónde llegaría.
Si no era ahora el momento de buscar acercarse, entonces ¿cuándo?
Iker la observaba desde lejos. Miraba cómo ella manejaba la situación con una seguridad envidiable, respondiendo a elogios, preguntas y propuestas con la misma soltura.
No titubeaba. No se le notaba ni un dejo de nerviosismo.
César, que estaba a un lado de Iker, notó la expresión en su cara y no pudo evitar comentarlo:
—Jefe, la señorita sí que ha sabido aprovechar el camino que usted le abrió. Lo ha hecho con elegancia y determinación.
Iker sonrió apenas, y su voz se mantuvo tranquila:
—Fue ella quien se forjó ese camino. Yo solo puse el piso, pero fue Eleonor quien se animó a avanzar.
Porque al final, era su propio esfuerzo lo que la había llevado hasta ahí, no los favores de nadie.
Eleonor permaneció un buen rato en el salón, recibiendo a una oleada tras otra de personas que querían conocerla, hasta que por fin logró escabullirse al baño para tomar un respiro.
Siempre había pensado que para Iker era pan comido manejar este tipo de eventos. Lo veía tan tranquilo, tan dueño de sí mismo, que imaginaba que debía ser sencillo.
Pero ahora, luego de vivirlo en carne propia, supo que era agotador.
Mucho más cansado que pasar horas en el laboratorio o atendiendo pacientes en el consultorio.


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