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Mi Marido Prestado romance Capítulo 311

Para disimular el torbellino que sentía en su interior, Eleonor alzó la mirada y, con un dejo de inconformidad, le soltó una queja a Iker.

—¿Y ahora qué es lo que quieres?

—Esta noche...

Iker posó su mirada sobre ella, observando sus facciones limpias y delicadas. En sus ojos asomó una chispa difícil de descifrar. De pronto, se inclinó y acercó sus labios a su oído.

—Quiero que tú misma me ayudes...

Mientras él hablaba, su aliento cálido rozaba la piel de Eleonor, y sus labios apenas rozaron su oreja, como una pluma que la hacía estremecerse hasta olvidar cómo respirar.

En el momento en que escuchó las últimas palabras que él pronunció, el rostro de Eleonor se encendió en rojo como si la hubieran descubierto en medio de una travesura. Incluso los dedos que caían a su costado temblaron.

Jamás se le habría ocurrido escuchar semejantes palabras salir de la boca de un hombre tan elegante y reservado como él.

—¡No, no entiendo de qué estás hablando!

Eleonor evitaba su mirada, negándose a verlo siquiera. De repente, lo empujó con torpeza, balbuceando:

—¡Ese tipo de cosas...! Yo tampoco sé hacerlas.

Cuando firmó aquel acuerdo, solo pensaba en sacar a Florencia de apuros.

Si Iker quería acostarse con ella, pues ni modo, mejor eso que tener que ir a negociar con Davi Rodríguez, lo cual le parecía mil veces peor.

Pero nunca se detuvo a pensar en lo complicado que podía ser, en realidad, ese asunto de adultos.

La noche en que casi llegaron a algo, ya había estado a punto de frenarlo todo.

Y ahora, encima, él le pedía que tomara la iniciativa... ¡Eso era demasiado vergonzoso!

Iker, al ver que ella intentaba zafarse, le sujetó la muñeca.

—No te preocupes si no sabes, yo tengo experiencia y puedo enseñarte.

Lo dijo con una seriedad tan seca que parecía hablar de negocios.

El corazón de Eleonor latía tan fuerte que sentía que se le iba a salir por la boca. ¿Quién quiere que le enseñes? ¡Y además con experiencia!

Ni siquiera quería imaginarse en qué circunstancias alguien como él habría hecho algo así consigo mismo.

Solo de pensarlo, la cara le ardía.

En medio de una celebración tan importante, Eleonor sentía que la vergüenza la iba a matar. No sabía ni qué contestar.

Si se tratara de cualquier otro tema, hasta podría darle la vuelta y salir airosa.

Pero con este tipo de cosas... ahí sí, no tenía cómo defenderse.

...

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