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Mi Marido Prestado romance Capítulo 312

El hombre de mediana edad que estaba a un lado irradiaba una presencia imponente, propia de alguien acostumbrado a ocupar posiciones de poder, lo que hacía que nadie se atreviera a faltarle al respeto.

Álvaro, que se encontraba cerca, le hizo señas a Eleonor con la mano.

—Ellie, ven, ayúdanos. Quiero que le eches un vistazo a la señora Estrada, a ver si sus piernas tienen remedio.

Los demás presentes en el privado parecían dudar.

Tras pensarlo un momento, el hombre de mediana edad frunció el entrecejo y habló:

—Señor Osorio, hoy vinimos especialmente para pedirle el favor de que atienda a mi esposa...

No era que no quisieran dejar que la joven lo intentara; el problema era que el padecimiento de Yolanda Estrada llevaba demasiados años.

En años anteriores, ya la habían llevado varias veces al hospital. Los médicos siempre eran muy suaves al dar el diagnóstico, pero al final todo se resumía en una frase: no hay solución, será una discapacidad de por vida.

Desde entonces, Yolanda se había negado a volver a ver a ningún médico. Esta vez, la convencieron después de mucho insistir, y apenas aceptó intentarlo una vez más.

Si la joven no lograba ayudarla, temían que Yolanda se rehusara todavía más a recibir atención en el futuro.

Aunque el señor Osorio explicó que la muchacha era su alumna y, además, parte del equipo que desarrolló el nuevo medicamento del Grupo Rodríguez, todos sabían que investigar y curar eran cosas muy diferentes.

Pero Eleonor no se preocupó por lo que los demás pensaran. Caminó hacia la silla de ruedas, se agachó a un lado y le habló con suavidad:

—Señora Estrada, ¿me permitiría revisar sus piernas?

Toda la familia Estrada contuvo el aliento.

Tenían miedo de que Yolanda la rechazara de inmediato. Si eso pasaba, ya ni soñando podrían convencerla de ver a otro médico en el futuro.

—Acepto, aunque mis piernas… Hace tantos años que los doctores me dijeron que no había esperanza.

Yolanda, que casi nunca hablaba, la miró fijamente. Nadie supo qué se le cruzó por la cabeza, pero al final accedió.

—¿De verdad quieres verlas?

Yolanda arrugó el entrecejo.

—¿Qué dijiste, pequeña?

—Señora Estrada...

Eleonor ya se había hecho una idea de la situación y, tras meditarlo, explicó:

—Puedo curar sus piernas, pero va a requerir al menos medio año de tratamiento, con dos o tres sesiones por semana. Ya cuando comience a mejorar, necesitaremos mantener un tiempo más de terapia con agujas.

En realidad, según sus cálculos, empezarían a ver resultados en unos cuatro meses.

Sin embargo, al ser solo una evaluación inicial, prefería reservarse un margen de tiempo para cualquier imprevisto.

El hombre de mediana edad dio una señal y una empleada ayudó a Yolanda a reincorporarse. Su postura dominante se relajó un poco, y en su voz se notaba la emoción.

—Señorita, ¿está segura? ¿De verdad puede curar a mi esposa?

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