Eleonor, aunque ya lo sospechaba, se quedó en shock al escuchar esas palabras de manera tan directa.
No era solo ella; incluso Florencia se quedó pasmada.
Eso era demasiado, una daga directa al corazón.
Fabián habló con voz serena:
—Tú debes sentirlo… Alma nunca te ha mirado con buenos ojos.
Eso se quedaba corto.
Decir que Alma le tenía mala voluntad era poco; lo suyo era puro veneno.
Eleonor lo miró con incredulidad.
—Fabián, ¿me estás mintiendo, verdad?
Esta vez, prefería que todo fuera una mentira.
Fabián, consciente de lo mucho que ella quería a Iker y lo difícil que sería procesar esto, intentó explicarse.
—¿Recuerdas que antes de lo de tus padres, acababan de cerrar un caso?
Sin esperar respuesta, Fabián le pasó otra carpeta con documentos.
—Me enteré, usando formas poco ortodoxas, que en ese caso había alguien… alguien que podría tener relación con la abuela de Iker.
A Eleonor todo esto le parecía cada vez más absurdo.
Con manos temblorosas, abrió la carpeta y, al leer la información, estuvo a punto de soltar una carcajada.
¡Con razón!
Con razón Alma, después de llevarla a la familia Rodríguez, no había hecho más que maltratarla y oprimirla.
Ahora todo cobraba sentido: solo quería vengarse por alguien más.
Y se notaba que la relación entre Alma y esa persona era muy cercana; ni siquiera haber cambiado de nombre y de vida le sirvió, Alma movió cielo y tierra para hallarla.
Esa persona estuvo veinte años en prisión, y Alma la había atormentado desde los cinco años hasta los veinticinco.
Si no fuera porque Iker la protegió durante nueve años, probablemente ni estaría viva.
Antes, ella sentía gratitud, gratitud por esos nueve años.
Ahora…
Solo sentía que la vida le había dado un golpe inesperado.
Eleonor se quedó sentada mucho rato en la sala, con todos esos papeles en la mano, sin siquiera notar cuándo Fabián se marchó.
Florencia se quedó a su lado en silencio, sin saber cómo consolarla.
Por un lado estaba Iker, y por el otro, la persona que mató a sus padres.
Cualquiera tendría el alma hecha pedazos frente a semejante dilema.
El celular, olvidado a un lado, sonó dos veces seguidas. Florencia lo recogió y se lo acercó a Eleonor.
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