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Mi Marido Prestado romance Capítulo 344

Ella, en realidad, aún no había decidido cómo abordar el tema.

Pero ya que Yolanda se lo preguntó directamente, Eleonor no pensó demasiado y fue al grano.

Al notar que de verdad podía ayudar, Yolanda se sintió aliviada y aceptó sin rodeos.

—Dime, lo que esté en mis manos, con gusto te ayudo.

—Estos documentos...

Eleonor sacó de su bolso los papeles que Fabián le había entregado la noche anterior.

—¿Podría pedirte el favor de ayudarme a verificar si son auténticos?

En el fondo, ella ya intuía que eran reales.

Todo cuadraba, cada detalle tenía sentido.

Sin embargo, había algo dentro de ella que se resistía a aceptarlo por completo. Necesitaba asegurarse, aunque fuera un poco más.

¿Y si Fabián le estaba mintiendo?

¿Y si todo esto no tenía que ver con la familia de Iker, y Alma simplemente la rechazaba por pura mala suerte, solo porque sus personalidades chocaban?

Al escuchar su petición, Yolanda soltó una ligera carcajada.

—Eso es pan comido, le pido a Rufino que lo investigue, ¿te parece?

—Perfecto, muchísimas gracias.

Después de agradecer, Eleonor recordó algo y añadió con voz baja:

—¿Podrías ayudarme a mantener esto en secreto frente a Benicio?

Yolanda le dio unas palmaditas en la mano, transmitiéndole confianza.

—Esto es asunto tuyo, no tengo por qué decir nada sin tu consentimiento. Guardaré el secreto, puedes estar tranquila.

—En un rato más mando los papeles con alguien para que Rufino los revise. Tú no te preocupes, solo espera la respuesta. Y hazme el favor de irte a descansar cuando llegues a casa, ¿sí? Las mujeres no pueden descuidar el sueño.

Al escucharla, Eleonor sintió el calor de su mano y una extraña sensación de paz la envolvió. Asintió con una sonrisa.

—¡Gracias!

Las últimas veces que fue a consulta, Yolanda siempre la invitó a quedarse a comer.

Eleonor nunca se negó.

La razón era sencilla: Ireneo, ocupado con asuntos del gobierno, ya se había regresado a Aguamar; Rufino andaba todo el día en la oficina. Eleonor pensó que, si la acompañaba, quizá a Yolanda le abriría más el apetito.

Lo que nunca imaginó fue que la familia Estrada tomaría tan en serio su petición.

En apenas tres o cuatro días, recibió la llamada de Rufino. Ya había noticias.

Justo al atardecer, Rufino le propuso:

—¿Prefieres que lo platiquemos en persona?

—Sí, claro.

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