Eleonor sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Sin pensarlo, quiso detener a Iker.
—Iker...
Pero Iker ni siquiera volteó. De un solo movimiento, la apartó y la empujó fuera del umbral de la casa. En el instante siguiente, sujetó a Fabián del cuello de la camisa y lo arrastró hacia adentro.
Cuando la puerta se cerró de golpe, Eleonor y Florencia alcanzaron a escuchar esos golpes secos, directos, que hacían retumbar las paredes.
Eleonor sacó su celular, lista para llamar a la policía, pero Florencia se lo arrebató de las manos.
—¿Para qué lo haces? ¿Crees que alguien va a poder meter las manos entre esos dos?
La voz de Eleonor temblaba.
—Tengo miedo de que esto termine mal...
Siempre supo que Iker era bueno peleando, que no era fácil hacerle daño. Pero jamás lo había visto con esa furia, con esa rabia desbordada que acababa de presenciar.
No tuvo que pasar mucho para que una de las primeras trompadas hiciera sangrar la boca de Fabián.
—Iker sabe lo que está haciendo —dijo Florencia, mirándola de arriba abajo, notando su estado lamentable, pero esta vez sin ganas de chismear. Solo la tomó del brazo y la alejó de la puerta—. Además, Fabián se lo buscó. Hace mucho que necesitaba que alguien le pusiera un alto.
—No entiendo cómo puede llamarse hombre —añadió, con un desprecio que se le desbordaba por la voz—. ¿De veras cree que por ayudar a encontrar unas pruebas ya quedó limpio de todo lo que hizo antes?
—A tipos como ese solo alguien como Iker les puede enseñar una lección.
...
Dentro de la casa, Fabián apenas había cruzado el umbral cuando Iker lo tumbó de un derechazo. Ese golpe llevó mucho más coraje que el de la puerta, como si quisiera partirlo en dos.
Iker, incluso en ese estado, había contenido su fuerza para no asustar a Eleonor.
Fabián se puso de pie, se limpió la sangre del labio con el pulgar y le soltó una risa burlona.
Pero esa devoción de todos esos años, ese amor entregado de Eleonor, nunca despertó ni una pizca de humanidad en Fabián.
Al escuchar las palabras de Iker, Fabián explotó.
¡Maldito Iker! ¿De verdad se había acostado con Eleonor?
Aprovechando que Iker titubeó apenas un segundo, Fabián logró zafarse y le regresó el favor, dándole un puñetazo directo en el pómulo.
—¡No la toqué porque tenía miedo de no poder darle lo que merece!
Fabián sabía lo guapa y atractiva que era Eleonor. ¿Cómo no iba a haberlo pensado alguna vez?
Iker respiró hondo, ignorando el dolor en la cara. Su mirada, cargada de furia, era la de un hombre que ya no reconocía límites.
—¿Miedo de no darle lo que merece, o miedo de no poder mirar a Virginia a la cara?

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