Eleonor terminó su consulta y, tras comer algo rápido, se subió a su carro rumbo al instituto de investigaciones.
Hoy era el día en que saldrían los resultados del ensayo clínico.
—Ellie, ya tenemos los datos —anunció Nil Jiménez al verla entrar, el rostro iluminado de alegría. Pero en cuanto cruzó la mirada con ella, su expresión se ensombreció.
Pedro, que justo se giraba en ese momento, alcanzó a ver la cara larga de Nil y soltó con una sonrisa:
—Señor Jiménez, ¿cómo salieron los datos? Seguro que están como tú y Eleonor esperaban, ¿verdad?
—¿Cómo van a estar igual? —replicó Nil con un suspiro—. Están muy lejos de lo que esperábamos, la condición de quienes probaron el medicamento no es la mejor.
Eleonor frunció el ceño, tomó el folder con los resultados y, tras un vistazo, su semblante también se volvió sombrío.
Pedro, al ver la reacción de ambos, sintió un raro alivio. Estaba a punto de decir algo para animarlos cuando su celular comenzó a sonar.
Echó un vistazo al identificador y, de inmediato, se puso tenso. Atendió la llamada mientras salía rápidamente del laboratorio.
—Hola, mamá, te dije que en el día estoy trabajando...
Solo cuando estuvo en el pasillo de emergencias, donde no había nadie, activó la grabadora y bajó la voz.
—Los datos del Grupo Rodríguez ya salieron. La verdad, no se ven bien.
Al otro lado de la línea, Virginia ni siquiera fingió estar de buen humor, al contrario, su tono fue de clara decepción.
—¿Solo no se ven bien? ¿Alguien presentó alguna reacción grave?
Según su plan, los datos que Eleonor había enviado para solicitar la aprobación del ensayo clínico habían sido manipulados por Pedro. Así que en estos días, los participantes del ensayo ya deberían estar mostrando efectos secundarios fuertes.
Pedro negó con la cabeza, aunque Virginia no podía verlo.
—No estoy seguro... Pero por las caras de Nil y Eleonor, algo no salió como esperaban...
—Está bien —respondió Virginia, ahora más relajada—. Averigua exactamente qué está pasando.
Si Eleonor y su equipo estaban intentando ocultar la verdad, Virginia no tendría problema en hacer público todo el asunto. Así, la reputación de la joven promesa científica se vendría abajo.
...
Nil esperó a que Pedro estuviera lejos del laboratorio para intercambiar una sonrisa cómplice con Eleonor.
—¡Felicidades! Los datos son excelentes, justo como lo anticipaste. Incluso, los efectos positivos aparecieron antes de lo que calculamos.
Eleonor dejó el folder sobre la mesa, sin bajar la guardia.
—Ojalá todo siga así y pronto podamos sacar el medicamento al mercado.
Solo cuando estuviera aprobado y en las farmacias, podría respirar tranquila.
Iker no respondió, su expresión se volvió más dura, y guardó silencio.
César se fijó en el moretón que Iker tenía en el pómulo.
—La señorita seguro ni se imagina que te lastimaste. Si lo supiera, por lo menos te preguntaría cómo sigues.
Iker se quedó pensativo.
De niño, cuando empezó a practicar karate, se llenaba de moretones y raspones. La pequeña no podía soportar verlo así; apenas lo veía, se ponía a llorar, desesperada por encontrar pomadas y curarlo con sus propias manos.
Hasta la fecha, la pomada especial que usaban sus hombres para aliviar golpes y moretones era una receta que ella misma había perfeccionado, usándolo a él como conejillo de indias.
César, aprovechando el momento de distracción de Iker, insistió:
—¿Por qué no va ahora al laboratorio? Si la señorita lo ve, seguro...
Iker bufó, desdeñoso.
—¿Entonces quieres que me haga la víctima?
César se quedó sin palabras.
Pensó para sí: “Hacerse el mártir no tiene nada de malo, es mejor eso que perder a la esposa por no intentarlo”.

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