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Mi Marido Prestado romance Capítulo 364

Su actitud era cercana, como si no existiera distancia entre ellos.

Fabián escuchó el ruido y volteó, arrugando el entrecejo.

No podía creerlo; después de todo, la familia Rodríguez había causado la muerte de los padres de Eleonor, y aun así Iker se atrevía a quedarse tan campante a su lado.

Contuvo el enojo y, forzando una sonrisa, le habló a Eleonor:

—¿Por qué vienes con Iker?

—Se lastimó la pierna.

Eleonor evitó explicar los detalles y fue directo al grano.

Tampoco se resistió; permitió que Iker se apoyara descaradamente en ella.

Fabián levantó una ceja y miró a Iker:

—¿Crees que ella, tan chiquita, va a poder contigo? Mejor déjame ayudarte.

Dicho esto, intentó tomar a Iker para cargarlo él mismo.

—No hace falta.

Iker esquivó el gesto, y de paso se hizo el sufridito; se tambaleó y, de pronto, —pum—, se estampó la espalda contra la pared.

Eleonor se apresuró a sostenerlo, sabiendo perfectamente qué pretendía Fabián, y lo miró con seriedad:

—Déjalo, yo puedo con él. No le hagas nada.

—¿Oíste?

Iker se colgó de su hombro sin remordimiento alguno y, mirando a Fabián, sonrió burlón:

—No necesito que me ayudes.

A Fabián empezó a quedarle claro que la relación entre esos dos no era tan simple como había imaginado.

La noche anterior, él pensó que Iker había obligado a Eleonor a estar con él.

Pero ahora, viendo la manera en que Eleonor no lo rechazaba, pensó que, si de verdad Iker la hubiera forzado, ella ya hubiera huido lo más lejos posible, como si el mismísimo diablo la persiguiera.

En vez de eso, incluso parecía protegerlo por instinto.

Cuando el elevador abrió sus puertas, Eleonor fue la primera en ayudar a Iker a entrar. Fabián, con el gesto duro, los siguió.

Al mirar de nuevo a Eleonor, su semblante ya no era tan severo:

—Necesito hablar contigo. ¿Subo a verte en un rato?

Iker señaló el mueble con la barbilla.

Eleonor abrió el armario y se encontró una caja llena de pomadas especiales, todas iguales.

Ese ungüento lo había preparado ella misma años atrás, pero llevaba ingredientes raros y era carísimo de hacer.

Después de separarse de Iker, no pudo volver a prepararlo y solo podía mezclar remedios más sencillos para curar sus propias heridas.

Sin embargo...

Varias veces, después de que la familia Rodríguez la castigara y quedara lastimada, esa pomada aparecía misteriosamente junto a su cama.

Eleonor había sospechado que Iker se la dejaba, pero el recuerdo de su frialdad al abandonarla le pesaba más.

Así que prefería sospecharlo, pero no se atrevía a creerlo.

Perdida en esos pensamientos, Eleonor tomó una pomada de la caja. Apenas se dio la vuelta, escuchó la voz de Iker, clara y directa:

—Eso de que vas a volver con Fabián, es mentira, ¿verdad?

No había pareja en el mundo que hablara tan distante como ellos dos en el elevador.

De hecho, la actitud de Eleonor hacia Fabián era mucho más seca que la que tenía con él.

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