Eleonor se quedó inmóvil por un instante, luego caminó hacia él. Mientras abría la pomada para aplicarla en la herida de su pierna, habló con una voz suave, casi indiferente:
—Sea verdad o no, eso no cambia nada.
Prácticamente estaba diciendo que ya no tenía nada que ver con él.
Iker, por primera vez, sentía un enojo que no sabía cómo descargar.
La causante de su malestar ni siquiera parecía notarlo. Ella tomaba un poco de pomada con la yema de los dedos y la aplicaba con movimientos delicados sobre su pierna.
La crema, fría al contacto, se iba deshaciendo poco a poco bajo su tacto.
Iker no pudo evitar protestar:
—¿Cómo que no cambia nada? ¿No que querías volver con él y por eso me dejaste?
—¿Quién te dijo que fue por eso?
Al terminar de aplicar la pomada, Eleonor estuvo a punto de cerrar el frasco, pero recordó la herida en la cara de Iker. Sin pensarlo, sacó un poco más de pomada y la untó cuidadosamente en su pómulo.
—¿O acaso cuando me dejaste antes fue para ir a cuidar a otra hermana?
...
Iker se quedó sin palabras.
No solo por lo que ella dijo, sino por lo que estaba haciendo en ese instante.
Era igual que años atrás: ella lo miraba con el rostro alzado, aplicándole la pomada con suma delicadeza. En sus ojos brillaba una ternura imposible de fingir.
Aunque las palabras que salían de su boca fueran duras y desapegadas.
Mientras Iker la observaba, la rabia que lo consumía empezó a desvanecerse.
—Está bien —murmuró, forzando una media sonrisa—. Entonces dime, ¿por qué fue?
Mostraba una paciencia que nadie le conocía.
Pero Eleonor no se dejó llevar.
Retiró la mano, cerró el frasco de la pomada y, con una calma distante, se puso de pie.
—Listo, ya te puse la pomada. Me voy.
Apenas terminó de hablar, ya estaba dispuesta a marcharse.
—¡Espera!
Al verla llegar hasta la entrada, Iker contuvo el enojo que volvía a subirle como ola. Con el rostro tenso y los dientes apretados, soltó:
—Si te vas, llévate a Max contigo.
Sonaba como esas parejas que discuten por la custodia de los hijos tras una separación.
Los ojos de Eleonor se iluminaron y lo miró sorprendida.
—¿De verdad me lo vas a devolver?
—¿Devolver? Si también era mi perro, lo criamos juntos.


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