Eleonor volvió en sí de golpe, sin siquiera responderle a Florencia. Agarró el celular con manos temblorosas y abrió la app de pedidos a domicilio.
Los dedos le temblaban tanto que apenas podía atinarle a la pantalla.
Florencia, al mirar lo que Eleonor estaba pidiendo, se quedó pasmada.
—¿Qué? ¡No me digas que sí quedaste embarazada!
Ella conocía muy bien la habilidad de Eleonor para diagnosticar, así que no dudó ni tantito.
Eleonor terminó de pedir el test, alzó la cabeza todavía confundida y murmuró:
—Al tomarme el pulso, sí me salió que estoy embarazada… Pero esa noche me tomé la pastilla del día siguiente. Hasta tú me viste, ¿te acuerdas?
Aunque sabían que la pastilla no era cien por ciento segura, la probabilidad de embarazo seguía siendo bajísima.
Florencia asintió.
—Claro que me acuerdo, si yo fui la que bajó corriendo a la farmacia esa noche.
Esa vez, Eleonor había regresado de casa de Iker. Habían tomado unas copas y, gracias a Florencia que recordó el asunto, terminaron yendo a la farmacia veinticuatro horas en plena madrugada.
Al ver que Eleonor se quedó callada, Florencia intentó tranquilizarla.
—Mira, en cuanto llegue el test lo hacemos. A lo mejor solo andas nerviosa y te confundiste al tomarte el pulso.
—Sí…
Eleonor asintió una y otra vez, pero por dentro sentía un caos absoluto. Ni siquiera se atrevía a tocarse el vientre.
...
No pasaron ni veinte minutos antes de que el timbre sonara y el repartidor entregara el test de embarazo.
Florencia corrió a abrir la puerta, rompió el empaque y le extendió el test a Eleonor.
—¿Sí sabes cómo se usa?
—…Sí.
Aunque nunca lo había hecho, sabía perfectamente cómo funcionaba.
Se metió al baño, respiró hondo y, con el corazón casi saliéndosele del pecho, se animó a hacerlo.
Quizá era demasiado pronto, porque la segunda línea apenas se notaba, un tono rojizo muy tenue. Pero ahí estaba, avisándole sin rodeos: estaba embarazada.
Embarazada de Iker.
Dentro de ella, en ese preciso momento, ya crecía una pequeña vida.
Florencia esperaba afuera. No podía quedarse quieta, la ansiedad la devoraba.
Con lo mal que estaban Eleonor e Iker ahora, quedar embarazada era lo peor que podía pasar.
Si algún día, por culpa de la abuela Rodríguez, ellos terminaban enemistados, el bebé quedaría en medio de todo, incomodando a todos.

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