—¿Seguro que no quieres? ¿Vas a comer o no?
—No quiero.
—Está bien.
Eleonor asintió rápido, como si temiera que cambiara de opinión. Sin darle oportunidad de decir nada más, salió disparada hacia la tiendita de la esquina, justo en la entrada del conjunto.
En menos de lo que canta un gallo, ya venía de regreso, caminando despacio mientras mordisqueaba un helado bien frío, saboreándolo con calma.
Iker se quedó parado ahí, viéndola de lejos. Por un instante, sus ojos se llenaron de una ternura que no mostraba a menudo; la observó como si enfrente tuviera a una niña traviesa. Solo cuando Eleonor estuvo cerca, él recuperó la compostura y preguntó con voz tranquila:
—¿Está rico?
—¡Sí, claro!
—A ver, déjame probar.
Ese tipo de conversación la habían tenido mil veces antes.
Casi por costumbre, Eleonor le ofreció el helado, aunque apenas llevaba un par de mordidas.
Justo cuando Iker se inclinó a darle una mordida, Eleonor se dio cuenta de que algo no cuadraba.
Era un gesto demasiado cercano.
Ahora las cosas entre ellos ya no debían ser así de íntimas.
No tardaría mucho en poder pagar la multa por romper el contrato, y cuando esa persona saliera de prisión y empezara a moverse, todo el cariño que quedara entre ellos se esfumaría. No quedaría nada.
Cuando volvió en sí, vio que Iker le había dado una mordida enorme al helado.
Una mordida que casi se lo acababa.
Este hombre seguía siendo igual que cuando eran niños: siempre decía que no quería, que no le gustaba, y luego terminaba comiéndose la mitad de lo que ella compraba.
Aunque, eso sí, al día siguiente, él siempre le compraba uno nuevo.
...
Camino a Jardines de Granada, César notó que el jefe traía mejor humor.
Parecía que por fin se disipaba la nube negra que les había estado rondando por encima desde hacía tiempo.
César revisó la hora y preguntó, dudoso:
—Jefe, con la hora que es, ¿no cree que la abuela ya esté dormida?
Iker respondió con calma:
—No creo.
Apenas eran las nueve.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado