Susana lo miró de reojo y soltó, en tono cortante:
—¿No que ya tienes novia? Entonces, ¿para qué te preocupa eso?
Además, aunque intentaran tentarla con algo, ella jamás revelaría ese asunto.
Los primeros tres meses de embarazo son los más delicados para una mujer; si llegara a pasar algo y el bebé no naciera, todos se enterarían de que estuvo embarazada.
Por mucho que Susana se considerara de mente abierta, en ese aspecto conservaba cierta visión tradicional. Sentía que, a final de cuentas, era algo que afectaba la reputación de la muchacha.
Al ver la seriedad con la que hablaba, Iker no pudo evitar soltar una risa ligera.
—¿De verdad es algo tan grave como para que lo ocultes así?
—No es para tanto. Solo no pienses más en eso y asunto arreglado.
Susana bostezó con desgano.
—Ya, me dio sueño. Si quieres quedarte sentado, adelante. Si no, mejor ve y déjame dormir.
Nada de cariño de abuela a nieto en ese momento.
Sobre el asunto entre él y Eleonor, la señora tenía claro que no le parecía adecuado.
El tema de un segundo matrimonio no le molestaba para nada, pero era evidente que Eleonor ya tenía a alguien más especial y, encima, estaba esperando un bebé.
No tenía sentido seguir insistiendo con ese tema.
Lo que realmente deseaba ahora era que Iker y su novia actual se llevaran bien, que se casaran pronto y así poder tener en brazos a un bisnieto sin tardanza.
...
—Ellie, Oliver vino para la acupuntura.
Apenas terminó de atender a sus pacientes de la mañana, Nil Jiménez entró al consultorio junto a Oliver.
Eleonor levantó la vista y asintió con cortesía.
—Oliver, acuéstese aquí, por favor.
En su consultorio había una camilla para acupuntura, aunque casi nunca la usaba; la mayoría de los pacientes iban directo a la sala de tratamientos.
Con ayuda de Nil, Oliver dejó la muleta a un lado y se acomodó en la camilla.


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