Aquel suceso había causado un gran revuelo en su momento.
La familia Estrada era inmensamente poderosa. Para esconder a la niña, Baltasar tuvo que vivir como una tortuga en su caparazón, hasta que finalmente acudió a ellos en busca de ayuda.
Justo en ese momento tenían un cargamento que enviar a Centroamérica, así que esa misma noche, mandaron a la niña junto con la mercancía.
Para su mala suerte, poco después de que la niña llegara a Centroamérica, la base de operaciones de allá fue desmantelada en una redada policial internacional.
Y la niña…
Desapareció sin dejar rastro, ni viva ni muerta.
El chofer reaccionó.
—¿Quiere decir que esta doctora Muñoz podría ser…?
Oliver se limitó a sonreír sin decir nada más.
El chofer no pudo evitar comentar, mitad en broma, mitad con compasión:
—Pues qué mala suerte la de la doctora Muñoz. Alma la ha estado atormentando todos estos años pensando que era la hija de su enemigo, y resulta que solo estaba pagando los platos rotos.
***
Eleonor regresó directamente a Jardines de Esmeralda. Al bajar del carro, todavía se sentía algo inquieta.
Aunque la familia Jiménez actuara como intermediaria, seguía pensando que ese tal Oliver era demasiado complicado.
¿O era ella la que estaba siendo demasiado paranoica?
El ascensor llegó a su piso y, cuando las puertas se abrieron, tardó un momento en reaccionar.
—¿En qué piensas?
La voz grave y fría de un hombre resonó en sus oídos. Solo entonces volvió en sí bruscamente y miró a Iker Rodríguez, que estaba fuera del ascensor. Sintió cómo una extraña calma la invadía poco a poco.
—Estaba pensando en unas cosas.
Dicho esto, salió del ascensor.
Las puertas de los apartamentos 2202 y 2201 estaban abiertas de par en par, y un aroma delicioso emanaba del 2202.
Caminaron juntos hacia el 2202, y la voz de Iker sonó serena.
—¿Qué cosas?
—Iker —dijo Eleonor sin rodeos—, ¿podrías ayudarme a investigar a alguien?
Iker enarcó una ceja.
—¿A quién?
—A Oliver.
Eleonor tenía el presentimiento de que, si lograba averiguar quién era Oliver, estaría muy cerca de descubrir la verdad sobre su propio origen.
Luego, le entregó a Iker la nota que Oliver le había dado.
—Esta es su dirección actual.
Álvaro la miró de reojo, fingiendo disgusto, pero su tono era el de un padre consintiendo a su hija.
—Anda, ve a lavarte las manos y ven a comer.
—¡Claro que sí!
Eleonor se escabulló al baño.
Al verla huir, Álvaro se giró hacia Iker, y su actitud cambió de la noche al día.
—Y tú, muchacho, no te quedes ahí parado, ven a traer los platos.
Era evidente que no le caía nada bien.
Esos últimos días, cada vez que el viejito lo veía, lo trataba de la misma manera.
Iker enarcó una ceja, no dijo nada y cooperó de buen humor.
—Ya voy.
Natalia, temiendo que se sintiera mal, le explicó:
—No te lo tomes a pecho. Él vio crecer a Ellie, es como si fuera su media hija.
»Y ahora, sin estar casados ni nada, Ellie ya está embarazada. Es normal que él se sienta molesto…
***

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