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Mi Marido Prestado romance Capítulo 680

Eleonor asintió y no siguió preguntando.

En realidad, se había preocupado de más. Ismael no era alguien leal; además, con tal de no ganarse problemas con Iker, menos se iba a desgastar por Virginia.

Hacerlo sería declararle la guerra a Iker abiertamente.

Un hijo ilegítimo que había logrado sobrevivir y posicionarse tan bien en una familia tan despiadada como los Espinoza, obviamente no iba a ser tan torpe como para no entender eso.

Después del desayuno, Florencia recibió una llamada de su bufete y tuvo que irse de imprevisto.

Eleonor hizo un pequeño puchero.

—Qué lástima, y yo que pensaba que por fin iríamos de compras...

—Amiga... —Florencia sintió que, con el embarazo, Eleonor se había vuelto un poco más sensible, y le respondió con una sonrisa entre tierna y divertida—: Solo voy a ver a un cliente, no me voy de viaje. Si quieres platicar, me echas un mensaje y ya.

Eleonor lo pensó un segundo y se dio cuenta de que ese bajón emocional no tenía sentido.

Antes, Florencia salía de viaje de negocios a cada rato y ella se quedaba sola en su departamento sin ningún problema.

Tal vez...

No era bueno tener tanto tiempo libre.

Benicio se levantó como si nada.

—De casualidad voy rumbo al Grupo Estrada, te puedo dar un aventón si quieres.

Lo dijo con un tono tan casual que parecía que se le acababa de ocurrir.

Florencia se detuvo un segundo y señaló hacia el patio delantero.

—Te lo agradezco, Benicio, pero traigo mi carro.

Luego, tras despedirse rápidamente de Eleonor, salió a paso ligero con sus zapatos de piel.

Eleonor, con la cabeza en sus asuntos, le dijo a Iker:

—Platiquen ustedes, voy a echarle una llamada a mi colega.

Una vez que ella se fue al patio trasero, Iker revisó su reloj, volteó lentamente hacia Benicio y le lanzó una pedrada para correrlo:

—Ellas ya se fueron, tú también ya te puedes retirar, ¿no?

Benicio se quedó sin palabras.

Ya de por sí venía molesto por haber sido bateado de nuevo por Florencia; lo fulminó con la mirada y soltó entre dientes:

—¡No te pases de listo, acuérdate de que soy el hermano de tu novia!

Aunque no se lo recordara, Iker lo tenía muy presente.

Iker, obviamente, no quería hacerlo enojar en serio.

—Por supuesto que no lo olvido.

—Mi mamá y mi hermana no tienen problema con eso —explicó Benicio con frustración—, pero el abuelo fue quien dio la orden.

A fin de cuentas, la gente de esa generación solía tener ideas bastante conservadoras.

Si Eleonor hubiera crecido bajo el techo de los Estrada, jamás habrían permitido que se embarazara antes de casarse.

Si el anciano lo aceptaba ahora, era únicamente por la enorme culpa que sentía hacia ella.

Benicio todavía estaba maquinando en su cabeza cómo convencer a Iker, cuando de pronto el otro aceptó sin rechistar:

—Me parece lo más justo. Aunque, claro, la última palabra la tiene Ellie.

Volver a la casa de los Estrada antes de la boda sería mucho mejor para la imagen pública de Eleonor.

A pesar de que ni a él ni a ella les importaba el qué dirán.

Benicio parpadeó, incrédulo.

—¿De verdad estás de acuerdo?

Juraba que Iker se opondría con uñas y dientes.

Iker no dijo nada al principio.

Iker lo miró como si fuera idiota y le advirtió:

—Nada más no me vayan a salir con sorpresitas. Avísenme antes de hacer oficial el reconocimiento de la familia.

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