Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 687

Apenas había logrado reprimir sus emociones y se había obligado a dejar de pensar tonterías, cuando su celular comenzó a sonar desde el interior de su bolso.

El identificador de llamadas mostraba el número de la policía de Frescura.

—¿Bueno? —contestó ella, un tanto confundida.

—Buenas tardes —se escuchó la voz joven y formal de un hombre—. Hablamos de la comisaría de Frescura. ¿Se encuentra hablando algún familiar de Virginia Soto?

Al escuchar el nombre de Virginia, Eleonor frunció el ceño por inercia.

—No, se han equivocado de persona. —Eleonor intentó cortar.

—Pero, usted es Eleonor Muñoz, ¿cierto?

Mientras el oficial intentaba confirmar su identidad, una voz llena de desesperación irrumpió en la llamada.

—¡Eleonor...! ¡Sé que cometí muchos errores y que ya no quieres verme como tu cuñada, pero acuérdate del mensaje que te mandé la otra vez! ¡No te mentí! ¡De verdad estoy arrepentida! ¿Podemos vernos? ¡Por favor!

Era la inconfundible voz de Virginia.

Eleonor, que estaba a punto de colgar, detuvo el dedo justo antes de presionar el botón rojo en la pantalla.

¿De qué trataba exactamente el mensaje que Virginia le había enviado aquella vez?

Ah, sí... Le decía que conocía toda la verdad sobre su origen familiar.

Del otro lado de la línea, el policía soltó un fuerte regaño y luego se dirigió a Eleonor.

—Desde que ingresó ha estado necia con querer verla. Pero si usted no quiere venir, lo dejamos así.

—Sí iré —respondió Eleonor, tras unos segundos de consideración—. ¿A qué hora puedo pasar?

—Puede venir en cualquier momento antes de las cinco de la tarde —le indicó el agente.

Eleonor revisó la hora en la pantalla.

—Iré para allá ahora mismo.

A fin de cuentas, una comisaría era un lugar seguro y Virginia no tendría oportunidad de armar ningún berrinche o jugarreta ahí.

Al terminar la llamada, y antes de que Eleonor dijera algo, Joaquín tomó la iniciativa de preguntar:

—Señorita, ¿entonces no vamos a la residencia?

—No. —Eleonor no le ocultó la verdad—. Primero vamos a ir a la comisaría a ver a Virginia.

La curiosidad también la carcomía un poco; Virginia ya estaba acorralada y con el agua al cuello, así que no entendía qué más pretendía lograr.

—¡Claro que sí! —Joaquín siempre acataba las órdenes sin chistar, aunque le hizo una consulta obligatoria—: ¿Quiere que le avise al jefe?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado