—Así es.
La chica también se había enterado de todo apenas la vez pasada, cuando alcanzó a escuchar la plática entre Eleonor y Susana. Bajando la voz, susurró:
—Pero Ellie no quiere que mucha gente sepa, yo solo lo oí de casualidad.
—No le digan a nadie más, ¿sí?
—No te preocupes.
Virginia le dio una palmada en el hombro, ansiosa por levantarse de la mesa.
—Ya comí suficiente, ustedes síganle.
Salió del comedor, los ojos le brillaban de felicidad. Apenas cruzó la puerta, sacó su celular y le marcó a Fabián.
—¡Fabián! Acabo de enterarme de algo, la neta no sé si debería decírtelo, pero siento que tampoco sería justo guardármelo...
Fabián estaba en plena junta, su voz sonó tranquila.
—¿De qué se trata?
—Lo de Eleonor y Nil... parece que en serio hay algo raro entre ellos.
El ceño de Fabián se arrugó. Iba a responder, pero Virginia siguió hablando:
—Dicen que ella misma le contó a la gente de la clínica que ya está divorciada.
—Esto ya lo saben varios, pero igual me sorprendí cuando lo escuché.
Fabián se puso de pie de golpe y salió de la sala de juntas.
—¿Qué dijiste?
—Fabián...
Virginia titubeó, como si temiera ofenderlo.
—Mira, capaz que ya te pusieron el cuerno.
...
Mientras tanto, Eleonor, la supuesta responsable de esa traición, iba manejando rumbo a la vieja casa de los Valdés.
Esa mañana, Renata le había llamado para pedirle que fuera, que era mejor firmar un acuerdo por aquel trato verbal que habían hecho antes.
A Eleonor no le molestó la idea.
Después de todo, la casa y el dinero ya los había recibido, así que no veía problema en firmar unos papeles.
Al terminar de comer, volvió a la clínica por su bolso y se fue directo.
Bajó la mirada, la voz sin emoción:
—Señora Valdés, que el divorcio se retrase no me afecta en nada.
—Pero a la hora de buscarle otra esposa a Fabián sí se les va a complicar. ¿Quién dejaría que su hija ande con un tipo casado?
Eso sí hizo que Renata se calmara un poco.
Su gesto se suavizó.
—Créeme, yo tengo más prisa que tú. A más tardar para el cumpleaños ochenta de la abuela estarán los papeles.
Eso era en cuatro días.
Eleonor dejó el tema ahí y señaló una de las cláusulas del contrato.
—Así no lo firmo. Hay que cambiar esto.
La cláusula decía que, hasta que Renata lo autorizara, Eleonor no podía contarle a Fabián sobre el divorcio.
Hasta ahí, nada fuera de lo común.
Pero después agregaba: si Fabián se enteraba antes de tiempo, Eleonor debía pagar una multa de cincuenta millones de pesos.
Antes de que Renata pudiera explotar, Eleonor habló con calma:

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