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Mi Marido Prestado romance Capítulo 761

—Dilo... —murmuró Eleonor, levantando la mirada hacia él—. Habla de la boda.

Iker detuvo sus movimientos por un instante, con un brillo inconfundible en los ojos, y luego miró a Yolanda.

—Doña Yolanda, tiene toda la razón. Mañana mismo pediré que elijan la fecha perfecta.

Eleonor lo fulminó con la mirada.

—Yo todavía no he dicho que sí.

—¿No acabas de decir que lo ibas a pensar? —Iker arqueó una ceja, provocándola a propósito—. Al menos dame una fecha límite para pensarlo, si no, voy a estar ansioso todos los días.

Yolanda rió con ternura.

—Basta, basta. Ustedes dos vayan a su casa a discutirlo con calma, no se pongan a coquetear aquí enfrente de mí.

A Eleonor le ardieron las mejillas y le dio un suave golpe a Iker con el pie por debajo de la mesa. Él, sin la menor pisca de culpa, le tomó la mano, acariciando suavemente su dorso con el pulgar.

Afuera, el sol brillaba con fuerza, filtrándose por los grandes ventanales y bañando la sala con una calidez acogedora.

Cuando Simona Estrada bajó las escaleras después de terminar con algo de trabajo, se encontró con esa escena. Instintivamente, suavizó sus pasos, con una ternura imperceptible aflorando en sus ojos.

Qué hermoso.

Su hermana menor estaba teniendo una buena vida.

—Simona —la llamó Eleonor al verla, haciéndole una seña con la mano—. ¿Ya te desocupaste? Iker trajo mucha fruta. Lavé unas fresas y arándanos, están riquísimos.

Simona se acercó y se sentó en el sofá. Eleonor le empujó el tazón de frutas.

Iker revisó su reloj.

—Ya es casi hora de almorzar. Hice una reservación en un restaurante exclusivo, vengan con nosotros.

Yolanda agitó la mano.

—Vayan ustedes, los jóvenes. Yo no quiero hacer mal tercio, le diré a la muchacha que me prepare una sopa ligera y listo.

—Mamá, si no quieres salir, me quedo a comer contigo —se ofreció Simona.

Yolanda observó a su hija y, al notar el leve cansancio en su rostro, sintió una punzada en el corazón.

—No te quedes por mí. Ve a despejarte un rato con Ellie y los demás. No te hace bien estar todo el día encerrada trabajando.

Simona intentó replicar, pero Eleonor ya se había aferrado a su brazo.

—¡Vamos, Simona! En ese restaurante preparan unos platillos de mariscos increíbles.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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