Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 78

—¿Y qué hay de Eleonor? ¿Ella no tiene talento o qué?

Eso, Fabián en realidad nunca lo había averiguado.

Después de casarse, apenas y había tratado con Eleonor, y mucho menos compartido asuntos de trabajo.

Solo sabía que ella llevaba tres o cuatro años trabajando bien aplicada en la clínica, pero nunca hizo nada que llamara la atención.

Tal vez la gente ahí la elogiaba solo porque era compañera de universidad de Nil.

Al recordar lo de la mañana en el restaurante, Fabián no esperó a que Eleonor llegara a casa. Tomó el celular y marcó su número.

Eleonor contestó casi de inmediato.

—¿Qué pasa?

Su tono tan sereno sorprendió a Fabián.

—¿No crees que deberías explicarme lo que pasó hoy en el restaurante?

—¿Explicar qué?

Eleonor tuvo ganas de reírse, su voz sonaba tranquila, con un dejo de ironía.

—¿Quieres que te explique por qué hice público que mi propio esposo tenía una amante? ¿O hay algo más que quieras que aclare?

Jamás se imaginó que Fabián tendría el descaro de llamarla solo para exigirle explicaciones.

Fabián arrugó la frente, sintiendo que había algo diferente en ella.

Antes, las pocas veces que discutían, él pensaba que solo era porque ella estaba enojada, nada más.

—Ya te dije que lo de Virginia no es lo que tú crees. ¿Hasta que la saques de la casa vas a quedar tranquila?

—Sí.

Eleonor dejó de fingir esa actitud sumisa de siempre, y sus palabras se volvieron firmes, directas.

—Eso quiero. Así que dime, ¿ya se fue?

Toda esa frustración la traía guardada desde hace mucho.

Antes pensaba dejarlo pasar, que con conseguir el divorcio era suficiente.

Pero nunca se imaginó que Fabián tendría el cinismo de buscarla para pedirle explicaciones, como si la culpa fuera de ella.

No entendía en qué había fallado.

—¡Ni lo sueñes!

Era la primera vez que ella lo enfrentaba sin miedo. Fabián, sorprendido por su reacción, sintió que la furia le hervía por dentro, aunque intentó controlarse recordando que era más joven que él. Procuró hablarle con calma.

—Eleonor, ella para mí es diferente.

Pero Eleonor ni se inmutó. Solo soltó una pregunta llena de sarcasmo:

—¿Diferente cómo? ¿Porque es tu cuñada y eso te parece más emocionante?

Acarició el colgante con los dedos, y en sus ojos se agolpaban sentimientos que ni él mismo comprendía…

Mientras lo giraba distraído, notó algo extraño. Se acercó más, y logró distinguir dos letras grabadas en la parte interna.

—NN.

“¡Yo vivo en Avenida de la Paz! ¡No lo olvides, ven a buscar a Nana cuando quieras jugar!”

Ahora que lo pensaba, hacía años que no llamaba a Virginia por ese apodo.

Justo en ese momento, Virginia apareció en la puerta con una charola de fruta, mirándolo con fingido fastidio.

—Pensé que te habías pasado de copas y te sentías mal.

En la cena de esa noche, los compañeros de trabajo, al enterarse quién era Fabián, no pararon de invitarle a brindar.

Al ver el colgante en su mano, Virginia levantó la barbilla y dijo:

—Me lo quité para bañarme y se me olvidó, ayúdame a ponérmelo.

—Claro.

Fabián se puso de pie frente a ella, se inclinó un poco y volvió a colocarle el colgante de la paz alrededor del cuello. Su voz salió ronca, como si en cada palabra le pesara la vida entera.

—Nana, qué bueno que te encontré…

Virginia lo miró con sospecha y rápido lo interrumpió.

—¿Qué de Nana?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado