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Mi Marido Prestado romance Capítulo 86

La enfermera la miró con una mezcla de duda y recelo, pero al final asintió con la cabeza.

Alguien trató de mediar:

—Virginia, ¿por qué no dejas que Ellie revise al niño primero...?

—¿Tú crees que me atrevería?

Virginia tenía los ojos encendidos de rabia.

—¡Ella dejó a mi hijo así! ¿Quién me asegura que no va a aprovechar para hacerle algo peor “mientras lo atiende”?

Eleonor la enfrentó con voz seria.

—Llama a una ambulancia.

Sin decir más, con una expresión dura, se dio la vuelta y se fue.

Pasó por su oficina, recogió su bolsa y, al cruzar junto al módulo de enfermería, alcanzó a oír los murmullos de varias personas.

—¿A poco sí fue Ellie la que dejó así al chamaco...?

—¿Quién sabe? Se me puso la piel de gallina, si de veras fue Ellie yo ya no quiero trabajar junto a ella...

—Y acuérdense, apenas hace unos días en el comedor llegó junto al señor Valdés, y ahora con lo que dijo el niño en la mañana... para mí que Ellie es la tercera en discordia.

—¡De ninguna manera!

La única que no pudo soportarlo fue Ximena, la más cercana a Eleonor.

—Ellie no es así, ¿por qué no dejan de andar inventando cosas a espaldas de la gente?

—Si de verdad sospechan algo, vayan y díganselo de frente a Ellie.

Una de las presentes se burló:

—Entonces ve tú, si tan amigas son.

...

Ximena no aguantó más y se fue, molesta.

No esperaba que, al dar la vuelta en el pasillo, se toparía de frente con Eleonor.

Ella le dio una palmada ligera en el hombro, sin decir nada.

—Tengo que atender algo, nos vemos.

—Ellie...

Ximena la detuvo.

—¿Vas a dejar que sigan hablando así de ti?

Eleonor presionó los labios, tranquila.

—Si hay algo que aclarar, la policía lo hará. Lo demás, que digan lo que quieran.

Nunca le ha gustado tener que justificarse ante los demás.

Mientras más uno se explica, más termina desgastándose.

—Sí.

Eleonor, en realidad, ya había dejado el asunto atrás.

Quien obra bien, no tiene por qué temer.

Virginia quería ensuciar su nombre, pero necesitaba pruebas.

...

Lo que no imaginó fue que, antes de que la policía diera un veredicto, Fabián aparecería para buscarle problemas en nombre de esa madre y su hijo.

Esa noche, Eleonor trabajó sola en el laboratorio hasta tarde. Cuando el hambre la venció, decidió guardar sus cosas y marcharse.

En el área de desarrollo todos estaban acostumbrados a las jornadas largas.

A las diez de la noche, el edificio seguía iluminado.

Bajó directamente en el elevador al estacionamiento subterráneo. Apenas salió, se encontró con Fabián, que la esperaba con una expresión tan dura como una piedra.

—Ven conmigo al hospital.

Sin darle opción, la tomó del brazo y la jaló con fuerza.

Justo la zona donde se había golpeado esa mañana. El dolor la hizo inhalar hondo.

Fabián ni siquiera se molestó en preguntar por su dolor; solo le lanzó una mirada de soslayo, seca, casi indiferente.

—Con un simple toque ya te quejas, ¿y así fuiste capaz de dejar a Angelito en ese estado?

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