Mientras yo corría por el pasillo del hospital, dejando atrás la confrontación con Alexander, Alan Harris llegaba furioso a la casa de su amante. La humillación que había sufrido lo cegaba, sin darse cuenta de que el hombre que lo había derribado con un solo golpe era su rival más poderoso y el dueño del conglomerado King Enterprises. Él no pensaba en su propia culpa; solo en el hecho de que yo me atreví a ocultarle la muerte de nuestro hijo.
Entró en la casa de Karoline como un huracán, gritando mi nombre. Ella lo recibió con una sonrisa de preocupación, que escondía una astucia helada.
—Alan, mi amor, ¿qué pasa? ¿Qué te hizo esa mujer ahora? —dijo Karoline, mientras lo abrazaba e intentaba calmarlo.
—¡Me ocultó la muerte de Tommy! ¡Esa maldita lo hizo a propósito! —gritó, apartándose de ella. Su rostro, rojo de rabia, se contorsionó en una máscara de puro odio. Sentía que el mundo se le venía encima, pero solo podía culparme a mí.
Karoline, con su habitual manipulación, lo consoló.
—Mi amor, es tan injusto lo que esa mujer te ha hecho. Después de todo lo que has sacrificado por nosotros... Tienes que vengarte de ella, Alan. Tienes que hacerla pagar por su osadía.
—Lo haré, te lo juro que lo haré —prometió Alan, con el rostro desfigurado por el odio, sin saber que la verdadera venganza apenas comenzaba a gestarse, una que él jamás vería venir.
Mientras tanto, yo llegaba corriendo al hotel, sintiendo que mis piernas no podían dar un paso más. La tensión y el dolor acumulado se habían convertido en un peso insoportable. Al entrar, Melania me vio y se levantó de la cama, mirándome con preocupación.
—Aurora, ¿dónde demonios has estado? —me preguntó con voz angustiada—. Cuando me desperté, no te encontré en la cama.
—Claro que sí, así se llama. Es el padre de Max, el receptor del riñón de Tommy.
—¡Dios mío, amiga! —exclamó Melania, con los ojos muy abiertos, una mezcla de shock y asombro en su rostro—. Alexander es el hombre más poderoso del país. El dueño de King Enterprises.
Al escuchar el nombre de la empresa, todo en mi cabeza hizo clic. King Enterprises. Por supuesto. Era la corporación que Alan siempre había intentado superar, la sombra que lo perseguía en todos los negocios, la que siempre llevaba la ventaja. En mi mente, una imagen se empezó a dibujar, una idea descabellada, pero que me llenó de una energía nueva. Miré a Melania, y le sonreí con una determinación que no había sentido desde que Tommy se fue.
Ahora sabía que mi dolor tendría un propósito, y que no estaría sola en esto.

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