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Milagro y venganza, casada con el rival de mi ex romance Capítulo 28

Sentía cómo la rabia me consumía por dentro. Otra vez esa maldita mujer seguía interponiéndose en mi camino para atormentarme. No le bastaba con todo el sufrimiento que había provocado, no era suficiente haber sido la causante de la muerte de mi hijo; ahora quería seguir destruyéndome. Pero si pensaba que iba a quedarme con los brazos cruzados, estaba muy equivocada.

Alexander me sostuvo la mirada, y pude ver en sus ojos el remordimiento de haber confiado en sus hombres sin verificar nada.

—Estos idiotas… tenían que haber comprobado que las cenizas estuvieran allí —murmuró con frustración.

—No todo es culpa de ellos, Alexander. Alan es astuto, debí suponer que no se confiaría tan fácilmente. Pero lo que me preocupa no es él, sino esa víbora de Karoline. Es capaz de cualquier cosa por el odio que me tiene.

—Entonces tenemos que ir un paso delante de ellos —dijo con una seguridad que me desarmaba—. Necesito que pienses con la cabeza fría, Aurora. ¿Qué es lo que más le dolería a Karoline? ¿Cuál es su punto débil?

Me quedé en silencio unos segundos. No era difícil saberlo: su única debilidad era Tiffany. Pero… ¿cómo usar eso sin lastimar a una niña?

—La única debilidad de esa mujer es su hija —admití con un hilo de voz—. Pero yo no podría hacerle daño.

Alexander negó despacio.

—No es necesario llegar a eso. El miedo es un arma más poderosa que el dolor físico. Déjamelo a mí, tengo un plan.

Mientras tanto, Karoline abandonó la mansión Harris sintiéndose triunfadora. El video que me había enviado era, para ella, un golpe maestro. Caminaba con el ego inflado, convencida de que me tenía atrapada.

—Te tengo en mis manos, estúpida —susurraba para sí misma, con una sonrisa venenosa—. Quién diría que tu mocoso sería mi mejor arma contra ti. Ahora harás lo que yo quiera.

En su casa, Tiffany protestaba como siempre a la hora de comer. La enfermera hacía un esfuerzo sobrehumano por mantenerla tranquila.

—Ya te dije que no me gustan las verduras, quiero un pastel de chocolate —gritó la niña, golpeando la bandeja.

—Tiffany, acabas de salir de una cirugía, necesitamos guardar reposo, cariño.

—¡No quiero reposo! Quiero que venga mi mamá.

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