Después de encargarme de que Max tomara su desayuno y de arrullarlo hasta que cayera en su siesta, me quedé unos segundos mirándolo dormir. Tenía ese gesto dulce en el rostro que tanto me recordaba a Tommy, y no pude evitar acariciarle suavemente el cabello antes de salir. Me acompañaba el equipo de seguridad que Alexander había designado para mí, hombres firmes y discretos que me escoltaban hasta el coche. Hoy había quedado con Melania; necesitaba contarle todo lo que estaba pasando. Los acontecimientos habían avanzado tan rápido que no había tenido ni un segundo para hablar con ella.
Llegamos a un café exclusivo de la ciudad, un lugar elegante y luminoso. Apenas crucé la puerta, la vi de inmediato. Melania agitó la mano con esa energía que la caracterizaba y, en cuanto me acerqué, su mirada se clavó en mi mano.
—¡No me digas que este anillo significa lo que creo que significa, amiga! —exclamó a todo pulmón.
Varias personas giraron la cabeza hacia nosotras, y sentí el calor subirme a las mejillas.
—Mel, todo el mundo te está viendo… podrías, por favor, bajar la voz.
—¡No puedo! —rió con esa efusividad suya que siempre terminaba arrastrándome—. Estoy muy emocionada, dime ya, porque me tienes en ascuas. Me vas a matar de la ansiedad.
Suspiré resignada, sabiendo que no iba a darme tregua.
—Es justamente lo que estás pensando —confesé—. Alexander me propuso matrimonio.
Un grito estridente salió de su boca, provocando que todos los presentes se volvieran a mirarnos. Yo sólo atiné a bajar la cabeza mientras ella me sujetaba del brazo.
—¡Dios mío, es la noticia más increíble que hubieras podido darme! —gritó, agitando las manos—. Pero tienes que contármelo todo con lujo de detalles, ¿cómo sucedió esta maravilla?
—Melania, relájate, por Dios —murmuré, entre divertida y nerviosa—. Vamos a sentarnos.
Nos acomodamos en una mesa junto a la ventana, y después de tomar aire, empecé a hablar.
—Este no es un matrimonio de verdad.
—¿Cómo que no es un matrimonio de verdad? No entiendo.
—Es decir… nos vamos a casar legalmente, pero en esta boda no hay amor. Alexander me lo propuso porque su hijo se ha encariñado conmigo y quiere que tenga una figura materna. Y yo acepté porque necesito su ayuda para llevar a cabo mi venganza contra las dos personas que más odio en este mundo.
Melania me miró con los ojos muy abiertos, su entusiasmo se transformó en preocupación.
—Amiga de mi corazón… por un momento pensé que habías encontrado a un hombre que pudiera hacerte feliz. Pero con todo lo que me cuentas… ¿estás segura de que no estás cometiendo otra equivocación al casarte con el señor King?
—No puedo equivocarme más de lo que ya lo he hecho, Mel —dije con la voz entrecortada—. Por lo menos Alexander es bueno, sincero. Siente un amor genuino por su hijo, algo que Alan nunca hizo. Además, Max… Max tiene un pedacito de mi Tommy. Quiero estar cerca de él, cuidarlo. Sé que nunca podré recuperar a mi pequeño, pero al menos tendré un poquito de felicidad.
Sentí mis ojos humedecerse, y Melania, conmovida, tomó mi mano sobre la mesa.
—Por favor, no sufras. Tal vez ese matrimonio no sea de verdad, pero algo tuvo que ver Alexander en ti para proponerte que te convirtieras en su esposa.

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