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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1020

Valeria pasó todo el camino dándole vueltas al asunto de la «cuñada».

Al final, decidió que debía ir a buscar a Noel. Sin embargo, se repitió a sí misma que debía ser inteligente. Si provocaba una pelea, no solo perdería a Jovita como cuñada, sino que su propio primo terminaría odiándola, y entonces esa mujer ganaría la partida.

Cuando Noel contestó su llamada, estaba inspeccionando el almacén.

—¡Noel! Quiero ir a verte.

Él levantó una mano para interrumpir el informe del gerente del almacén.

—Estoy ocupado.

—¡Solo quiero ver dónde trabajas! —insistió Valeria—. Dijiste que cuando me graduara me darías un puesto cerca de ti, así que, ¿por qué no voy echando un vistazo?

De hecho, Noel sí tenía esa intención. Mantener a Valeria cerca en el corporativo, dándole un puesto base tras su graduación, lo dejaría más tranquilo.

—Está bien, ven.

Valeria llegó siguiendo la ubicación que él le mandó, pero para su mala suerte, Noel había tenido que entrar a una reunión de emergencia.

Hugo se quedó en la entrada para recibirla.

Al ver a la niñita mimada, Hugo ni siquiera se molestó en saludar.

—¿Y mi primo?

—En una reunión —respondió él, con rostro de piedra—. El señor Cortés me pidió que te lleve a su oficina para que lo esperes.

Valeria le resopló en la cara.

—La próxima vez que me mande a Isaac. Tú no me caes bien.

—Qué casualidad. Tú a mí tampoco —replicó Hugo.

Ella chasqueó la lengua, pero no hizo un berrinche. No era tonta; sabía perfectamente cuánto valoraba Noel a sus asistentes.

Hugo la dejó en la oficina.

—Espera aquí. Tengo trabajo, así que no te haré compañía.

—¡Como si la necesitara! —murmuró ella, rodando los ojos.

Pero apenas diez minutos después de quedarse sola, Valeria se aburrió mortalmente. Dio un par de vueltas por la oficina y decidió salir a curiosear.

Al cruzar el pasillo, chocó de frente con alguien.

Valeria se sobó la frente, furiosa.

—¡Fíjate por dónde caminas!

Félix Larco la escrutó con la mirada.

La chica no estaba mal de cara, pero se notaba que tenía un carácter insufrible. Estar relegado en el almacén cargando cajas ya era bastante agotador como para tener que aguantarle los caprichos a una niña rica.

—Tú eres la que no se fija y encima me echas la culpa.

—¡¿Quién no se fijó?! ¡Pídeme perdón ahora mismo!

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