Nanette ladeó la cabeza y lo miró con una sonrisa cálida.
Bajo esa mirada intensa, Félix se sintió un poco cohibido.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me ves así?
Ella le revolvió el cabello con cariño.
—Tus meses en el almacén han dado frutos, Félix. Has madurado. Ahora sabes poner a los demás antes que a ti.
Félix se quedó mudo por unos segundos.
Al ver su expresión de asombro, Nanette arqueó una ceja.
—¿Dije algo malo?
Él dejó caer la cabeza sobre el hombro de su hermana, como si fuera un niño pequeño.
—Es que... es la primera vez que me llamas Félix con tanto cariño.
Ella estaba a punto de responder cuando la puerta se abrió. Noel salió sosteniendo a Valeria.
La chica seguía pálida, pero al menos caminaba por su propio pie. Si podía sostenerse, el ataque de pánico no había pasado a mayores.
Al ver a Nanette, Noel dejó a su prima y se acercó rápidamente.
—¿Qué haces aquí?
—Félix me llamó —explicó ella con calma—. Estaba preocupada. ¿Qué dijo el médico?
Noel le lanzó una mirada severa a Félix antes de responder.
—Afortunadamente no pasó nada grave, solo fue un susto muy fuerte. Necesitará compañía estos dos días para que logre calmarse por completo.
—Entonces quédate a cuidarla —sugirió Nanette sin dudarlo.
Noel apenas abrió la boca para replicar cuando Nanette jaló a su hermano hacia el frente.
—Félix, pídele una disculpa a Valeria. Esta vez te pasaste de la raya.
El joven, muy obediente, hizo una ligera reverencia.
—Lo siento. No sabía de tu condición. Si hubiera tenido la menor idea, jamás te habría encerrado en la oscuridad.
Terminada la disculpa, le tendió el celular que le había arrebatado.

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