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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1045

Hugo se tensó por instinto.

—¿No ha regresado?

Todos sintieron al instante que algo andaba muy mal.

Venancio sacó rápidamente su teléfono para llamarla.

El tono de llamada empezó a sonar dentro de la misma habitación.

Iris corrió hacia el sofá y levantó un cojín.

El celular de Nanette estaba justo ahí debajo.

—Xavi, bajemos a buscarla —dijo Venancio de inmediato.

Xavi frunció el ceño.

—Vamos.

Gael forcejeó en la cama, intentando levantarse.

Venancio le gritó al instante.

—¡Qué demonios haces! ¿Te quieres morir? ¡Quédate ahí acostado! Te avisaremos si sabemos algo.

—Te acaba de salvar la vida de milagro —añadió Xavi—. Es mejor que no hagas tonterías, no le pasará nada, nosotros nos encargamos.

Dicho eso, todos salieron corriendo.

Iris se frotaba las manos, presa del pánico.

—Que la presidenta Larco esté bien, por favor, que no le pase nada.

¡Dios mío!

¿Qué estaba pasando en estos últimos dos días?

¿Por qué las tragedias no dejaban de suceder una tras otra?

***

El coche avanzaba a toda velocidad por la autopista.

Nanette se aferraba con fuerza al asa del techo, incapaz de contenerse gritó:

—¡Galileo Godoy! ¿Te volviste loco? ¡Vamos a tener un accidente!

Galileo hizo oídos sordos; no levantó el pie del acelerador ni un milímetro.

Nanette respiró hondo para tratar de calmar sus nervios destrozados.

—¡Esto es un secuestro, ¿lo entiendes?! ¡Galileo, reacciona! ¡No sigas cometiendo un error tras otro!

Galileo no pronunció una sola palabra. Con un rápido giro del volante, rebasó a otro auto de forma temeraria.

Nanette cerró los ojos, resignada.

En ese momento era mejor callar. Si lo provocaba más, podría perder su vida y la de su bebé.

Finalmente, el coche se detuvo.

Nanette abrió los ojos.

Descubrió que estaban en Playa de la Ensenada.

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