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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1055

—Dime, ¿no crees que tengo motivos para estar enojado?

***

Galileo estaba sentado en el asiento del copiloto en una postura un tanto extraña; por más que se acomodara, la herida le dolía a horrores.

Camila lo miró de reojo sin sentir ni una pizca de compasión.

—¿Firmaste el contrato tan rápido porque sabías que no tenías la capacidad para revivir la empresa?

Galileo no respondió.

Camila soltó un ligero resoplido.

—Galileo, me doy cuenta de que al menos tienes una cualidad: en cuanto a conocer tus propios límites, eres mejor que la mayoría.

Galileo le lanzó una mirada.

—Concéntrate en manejar y deja de decir tonterías.

Por una vez, Camila no le replicó.

El Galileo de ahora se parecía un poco a ella.

Ambos eran personas lamentables y patéticas.

Eran egoístas que solo se preocupaban por sus propias emociones.

Y su desenlace actual era su castigo.

Algo totalmente merecido.

No culpaba a nadie.

Solo al capricho del destino.

Galileo se inclinó hacia un lado y miró por la ventana.

La familiar ciudad parecía desdibujarse lentamente ante sus ojos.

Los eventos del pasado se reproducían en su mente como si fueran una película.

Al final, lo había perdido todo.

La historia de Galileo Godoy había llegado a su fin.

Camila: —Me olvidé de decirte algo.

Galileo cerró los ojos, sin fuerzas para pensar en nada más.

—Mhm.

—Averigüé el paradero de Irene Mera.

Galileo no mostró ninguna reacción. —Mhm.

—Sacó a su hermana del orfanato y ahora viven en una vieja casa en su ciudad natal. Ella consiguió trabajo en un jardín de niños; el sueldo no es mucho, pero les alcanza apenas para sobrevivir.

Al escuchar esto, Galileo sintió una punzada en el corazón.

No amaba a Irene.

Pero sentía culpa hacia ella.

—Pediré que le envíen algo de dinero.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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