Gael puso los ojos en blanco.
—Ya te puedes ir.
Valeria volvió a tomarle la mano, sonriente.
—Déjame hacerte compañía.
—¡Él no necesita tu compañía!
Iris entró de golpe en la habitación.
Apartó con fuerza la mano de Valeria.
—¡Él es mi novio! ¿Por qué le agarras la mano? Además, ¿no ves que está lastimado? Le vas a hacer daño si lo jalas así.
Valeria observó a Iris de arriba abajo.
—Gael, ¿esta es tu novia?
Gael sonrió de medio lado. —Sí.
Valeria entrecerró los ojos para analizarla de nuevo.
—Se ve muy normalita. Salta a la vista que no es de buena familia. ¿Cómo puede gustarte alguien así?
Iris se quedó sin palabras.
Era cierto que no era de una familia acomodada, así que no supo qué responderle.
Al ver que tenía ventaja, Valeria se sintió orgullosa.
—Veo que no estás a la altura de Gael. Mejor retírate y déjamelo a mí.
Iris se mordió el labio, fulminándola con la mirada.
De pronto se le ocurrió algo, sacó su celular del bolsillo y marcó un número.
Al contestar, dijo al teléfono: —Señor Cortés, ¿acaso Valeria no debería estar en su casa reflexionando sobre sus acciones? Ahora mismo está en la habitación de Gael, pidiéndome que le deje a mi novio.
Noel solo respondió con tres palabras:
—Ya estoy enterado.
Tan pronto colgó, el teléfono de Valeria empezó a sonar.
Valeria miró con resentimiento a Iris y contestó con el corazón en la garganta.
—Primo.
Noel: —Te doy veinte minutos para volver a donde perteneces. De lo contrario, puedes olvidarte de que soy tu primo.
Valeria se sobresaltó: —¡Veinte minutos! ¡Ni volando llego tan rápido!
Pero Noel no le dio oportunidad de replicar y colgó directamente.
Valeria no se atrevió a quedarse ni un segundo más, dio media vuelta y salió corriendo.

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