Era de un número desconocido.
[Soy Dora de Zamora. Si te parece bien, deberíamos vernos.]
Unos ojos tan oscuros como la tinta repasaron el mensaje mientras su mente comenzaba a hilar los detalles.
Si Dora quería verla de repente, significaba que había notado algo.
O, peor aún, que ya se había enterado de todo.
Esa reunión definitivamente no traería nada bueno.
Sus dedos delgados se deslizaron sobre la pantalla.
Borró el mensaje sin pensarlo dos veces.
No iba a acceder a esa reunión.
Tampoco le agradaba el tono autoritario del texto.
Decidió tomarlo como un incidente menor y sin importancia, por lo que ni siquiera se lo comentó a Noel.
Dora tampoco volvió a escribirle.
Sin embargo, lo que Nanette jamás imaginó fue que la mujer se presentaría directamente en las oficinas de la empresa.
En ese momento, casualmente, había unos clientes de visita que Nanette estaba atendiendo personalmente.
El guardia de seguridad en el lobby cumplió con su trabajo y le cerró el paso a Dora, informándole de inmediato a Iris.
Aprovechando un momento en que los clientes charlaban entre ellos, Iris se acercó a contárselo a Nanette en voz baja.
Nanette le respondió con total tranquilidad:
—Dile al guardia que le informe que estoy ocupada.
Sus clientes eran muchísimo más importantes que Dora de Zamora.
Abajo, al escuchar las palabras del guardia, el rostro de Dora se tornó sombrío.
—Vaya, su Presidenta Larco sí que se da aires de grandeza.
El guardia respondió de forma respetuosa pero firme:
—Nuestra presidenta no se da aires de grandeza, es que en verdad está muy ocupada. Si desea verla, puede agendar una cita. Si tiene una cita programada, la recibirá con gusto.
Mauricio, el chofer, no pudo tolerar la insolencia.
—¿Sabes siquiera a quién tienes enfrente? Ella es...
Dora levantó la mano, cortando en seco las palabras de su conductor.
—Mauricio, en la vida hay que saber ser discretos. Si uno presume demasiado, termina cayendo mal. No hay prisa, la esperaremos pacientemente.
El guardia no era ningún tonto; captó el tono sarcástico. Al darse la vuelta, rodó los ojos disimuladamente.
Iris estaba nerviosa por la situación, pero con los clientes presentes, no podía hacer mucho más.

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