Noel había salido en viaje de negocios por dos días.
Solo dos días separados, y la necesidad de verse ya los desbordaba a ambos.
Una sonrisa radiante de felicidad floreció en el rostro de Nanette.
—De acuerdo, aquí te espero.
Gael chasqueó la lengua en señal de burla.
—Como que siento que King no puede despegarse ni un segundo de ti.
Nanette soltó una risita: —Y yo tampoco de él.
Gael sacudió la cabeza: —Por Dios, qué empalagosos son ustedes dos.
—Gael.
De repente, la voz de Nanette se volvió solemne.
Gael se extrañó: —¿Qué pasa, Nanette?
—Si algún día te dejara Nube Alta a tu cargo, ¿serías capaz de defenderla por mí?
Gael tardó un buen rato en procesar la pregunta.
—¡¿Qué quieres decir con eso?!
Nanette no quiso ahondar en el tema.
—Te lo explicaré cuando tenga todo planeado.
Media hora más tarde.
Noel llegó al hospital.
Al empujar la puerta, se encontró con Nanette profundamente dormida en el sofá.
Tenía una manta encima, así que al menos no iba a resfriarse.
Gael le susurró a Noel: —Debe estar agotada.
Noel se puso en cuclillas junto al sofá y le dio un tierno beso en la frente.
Luego se acercó a la cama de Gael.
—¿Cómo sigues?
Gael: —El doctor dice que voy por buen camino. Si le echo ganas a la terapia, podré volver a caminar normal.
Noel le apretó un poco el hombro.
—Mejórate rápido, para que mi mujer no tenga que cargar con todo el peso sola y se agote.
Gael sonrió: —Entendido, haré mi mayor esfuerzo.
Cuando Noel se dio la vuelta, notó que Nanette ya había abierto los ojos.
—¿Te desperté?
Nanette se sentó y se estiró como un gatito.
—Llegaste.

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