Fabián se quedó paralizado un instante.
—¿Me llamaste por mi nombre? ¿No me vas a decir hermano?
Nanette sonrió con franqueza.
—¿No dijiste que eras mi hermano mayor? Claro que eres mi hermano.
Los ojos de Fabián se iluminaron de alegría.
—Solo por escuchar eso, me mudaré a San Lirio sin dudarlo.
Nanette negó con la cabeza, divertida pero conmovida.
—De verdad, no tienen que hacer esto. Pueden vivir donde prefieran, no tienen que cambiar su vida solo por mí...
—Hermana —la interrumpió Fabián con una mirada cálida—. Todo el amor que no recibiste en el pasado, te lo daremos con creces. Ahora tienes tu propia familia, y cada uno de nosotros te amará. No te preocupes. Mi madre es una mujer excepcional, muy culta y cariñosa. Lo entenderás cuando la conozcas. En la familia Vidal nunca habrá peleas ni traiciones entre nosotros. Es algo que papá nos ha inculcado siempre. Así que no te angusties por nada, déjanos el futuro a nosotros.
Nanette sintió un nudo en la garganta. Qué nivel de valores y crianza debía existir para forjar a un hombre con un corazón tan noble.
—Hermano, ¿te gustaría conocer a tu sobrinito?
***
Nanette dejó oficialmente la presidencia de Nube Alta en manos de Gael. Ella, por su parte, asumió el control de los negocios de la familia Cortés.
En cuanto al Registro de Aliados que le entregó Joaquín, Nanette decidió no usarlo. A menos que fuera una emergencia absoluta, no quería involucrar a personas de tanto peso. Ella manejaba las empresas a su propio estilo.
Pero cada vez que se sentaba en el despacho principal de la corporación, la invadía la nostalgia por el hombre que más extrañaba.
Con el día de hoy, se cumplían exactamente tres meses. Tres meses sin una sola noticia de él.
Venancio se había quedado en Puerto Alba gestionando los asuntos de la familia Cortés, asumiendo por completo el lugar de Noel. Zulema se había quedado con él, y no había manera de hacerla volver.


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