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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1268

Tocó el timbre durante un buen rato, pero nadie respondía desde el interior.

Valeria comenzaba a preocuparse y estaba a punto de llamar a la administración del edificio para que abrieran.

Justo cuando dio la media vuelta, la puerta se abrió de golpe.

Un rostro demacrado apareció ante sus ojos.

Esos ojos que solían ser nítidos y profundos ahora estaban turbios por el cansancio, rodeados de ojeras moradas e inyectados en sangre.

Pero su expresión era exactamente la misma de siempre.

Igual de fría e intimidante.

Valeria no se dejó asustar ni un poco, y empujó a Adrián Zamora a un lado para entrar sin pedir permiso.

Adrián frunció el ceño, completamente fastidiado.

—¡Largo!

Valeria hizo oídos sordos.

—¿Por qué vendiste las propiedades que compraste? Tenías una casa enorme en perfectas condiciones, ¿por qué viniste a meterte a este departamento de soltero tan enano?

Adrián estaba perdiendo la paciencia.

—¡Te dije que te largues! No me obligues a sacarte por la fuerza.

Valeria dio unos pasos hacia atrás, esquivándolo.

—¿De verdad serías capaz de lastimar a una mujer?

De pronto, recordó algo y encogió el cuello por instinto.

—Casi lo olvido, claro que serías capaz. Si antes estuviste dispuesto a atacar a mi cuñada.

Los ojos de Adrián se volvieron gélidos.

«¿Acaso esta mocosa quiere morirse?»

Al ver que él daba un paso hacia ella, Valeria metió la mano al bolsillo y sacó una tarjeta de presentación a toda velocidad.

—¡Oye! ¡Vine a traerte esto!

Adrián no la tomó.

—¿Qué es eso?

Valeria: —Es el contacto de una academia de pilotos de carreras. Nanette me pidió que te lo diera.

El hielo en los ojos de Adrián se derritió ligeramente.

—¿Ella te envió?

Valeria: —Así es. Nanette me pidió que te entregara esto y que te dijera que...

Valeria se calló a propósito.

Adrián: —¿Que te dijera qué?

Valeria sacudió la cabeza con insolencia.

—¿Quieres saberlo? ¡Pues ruégame!

El rostro de Adrián se endureció y de su garganta escapó un bufido despectivo.

—Sigue soñando.

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