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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1279

Noel asintió de manera distante y se giró para explicarle a Nanette.

—Ella es la hija del gerente Javier. Cuando no estamos aquí, tiene permitido el libre acceso a la propiedad para hacerle compañía a su padre.

Nanette esbozó una leve sonrisa.

—Hola, señorita.

—Sra. Cortés, puede llamarme Jimena —se apresuró a decir ella.

—Está bien, Jimena.

—Joven —añadió Jimena con intenciones muy claras—, sé que no debía interrumpirlos en este momento, pero mi papá mencionó que había llegado la Sra. Cortés, y la verdad tenía mucha curiosidad por saber cómo era, así que me atreví a venir.

»No se va a enojar conmigo, ¿verdad, joven?

Noel, por puro respeto al gerente Javier, respondió:

—No.

El rostro de Jimena se iluminó.

—¡Ay, yo sabía que usted era el mejor!

Nanette observó el rostro bien cuidado e impecable de la chica, le devolvió una sonrisa de compromiso y prefirió no decir más.

Pero Jimena se mostró con bastante confianza.

—Sra. Cortés, ya que no suele venir seguido por Puerto Alba, ¿le gustaría que la lleve a pasear mañana?

Nanette rechazó la oferta de forma educada.

—Mañana iremos al cementerio a presentar nuestros respetos.

—Bueno, está bien. Entonces avíseme cualquier día que tenga ganas de salir a dar una vuelta y yo con gusto la llevo.

—Claro, muchas gracias —respondió Nanette con una sonrisa.

Al llegar a su habitación.

Lo primero que hizo Nanette fue dirigirse al baño para ducharse.

Últimamente detestaba el olor a desinfectante.

Cada vez que lo percibía, le revolvía el estómago.

Sabía en el fondo que esa aversión no era más que algo psicológico.

Salió del baño llevando un camisón de seda color champán.

La tela ligera y delicada se ceñía sutilmente a su cintura esbelta, mientras su tez luminosa casi brillaba bajo el reflejo de la seda.

Al no llevar ropa interior en ese momento, su figura se adivinaba libre y vaporosa; era una visión envuelta en misterio, pero cargada de una atracción irresistible.

Noel estaba concentrado en su celular, pero cuando alzó la vista de pronto, el aparato casi se le resbala de las manos.

Lo dejó a un lado y extendió el brazo hacia ella.

—Ven aquí.

Nanette se acercó, rodeó su cuello con los brazos y se sentó en sus piernas.

—¿No te vas a bañar?

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