Al salir, su mano rozó intencionadamente la ropa de Noel.
—Ya puedes retirarte —dijo él.
Pero Jimena no se movió.
—Joven Noel, cuénteme la historia entre usted y la señora Nanette. Me muero por saber cómo fue su romance.
Noel no se negó.
—Está bien.
***
A la mañana siguiente.
Nanette, vestida con ropa sencilla y de tonos neutros, desayunaba en silencio.
Cuando Noel se acercó, ella levantó la vista un segundo y luego apartó la mirada.
Él hizo el ademán de sentarse a su lado, pero ella se levantó de inmediato.
Él la detuvo tomándola del brazo.
—No te muevas, yo me siento allá.
Durante todo el desayuno, Nanette no pronunció ni una palabra. Noel también se mantuvo en silencio.
Al terminar, él dijo:
—Voy a cambiarme. En un rato salimos para el cementerio.
—Mhm —asintió ella.
En cuanto Noel se fue, apareció Jimena.
—Buenos días, señora Nanette.
Nanette asintió.
—Buenos días. Siéntate a desayunar.
Jimena se mostró halagada.
—¿De verdad puedo?
Nanette señaló el asiento vacío a su lado.
—Siéntate.
Sin embargo, Jimena eligió sentarse exactamente en el lugar que Noel acababa de dejar.
—Mejor me siento aquí.
Nanette esbozó una media sonrisa, pero no dijo nada.
Jimena inició la conversación:
—Señora Nanette, ¿se peleó con el joven Noel?
—Algo así.
—Es que noté que él estaba muy desanimado —insistió Jimena.
Nanette parpadeó levemente.
—¿Tú crees?
—¡Sí, señora! ¿No se dio cuenta?
—Tal vez no presté atención.

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