Llevaron a Nanette directamente a ginecología y obstetricia.
Afuera de la sala de revisión, Noel no podía encontrar la calma.
Isaac ni siquiera sabía si debía intentar consolarlo.
—Jefe...
La culpa a Noel lo estaba carcomiendo por dentro.
—Salió lastimada por protegerme. Si le pasa algo al bebé, nunca me lo voy a perdonar.
Isaac intentó darle ánimos, aunque ni él mismo estaba seguro.
—Nanette es una persona muy buena, seguro Dios la protege y no pasará a mayores.
Noel soltó una risa amarga.
—¿Dios? Eso mismo me dijiste antes de que mi madre falleciera.
Isaac no se atrevió a decir ni una palabra más.
En ese momento Noel estaba tan tenso que ni Isaac se atrevía a acercarse. De pronto, la puerta del consultorio se abrió.
Noel corrió hacia allá.
Isaac se quedó pasmado en su lugar.
De verdad le costaba creer que ese hombre tan alterado y lleno de pánico fuera el mismo jefe elegante y sereno de siempre.
El médico salió y empezó a regañarlo severamente:
—Si sabía que está embarazada, no debió dejar que hiciera esfuerzos tan bruscos. ¿En qué estaban pensando?
Noel ignoró por completo el malentendido del doctor.
—¿Cómo está ella? ¿Cómo está el bebé?
—Por suerte, solo fue un leve sangrado. El bebé está fuera de peligro por ahora, pero ella no puede estar caminando de un lado a otro. Necesita reposo absoluto en cama por tres días.
Mientras le daba las indicaciones, el médico escribía la receta.
—Que no se le olvide tomarse sus medicinas. Y lo mejor es que alguien la esté cuidando, no la deje sola. Si llega a haber otra complicación y no recibe atención inmediata, lo más probable es que pierdan al bebé.
La voz de Nanette se escuchó desde detrás de la cortina.
—¿Es obligatorio el reposo en cama? Es que se me complica mucho.
El doctor se enojó al instante.
—Por más ocupada que esté, tiene que descansar, a menos que ya no quiera tener a este bebé. ¡Ya va a ser mamá! ¿Cómo puede ser tan irresponsable? Usted...
—Doctor —lo interrumpió Noel—. Fue culpa mía, no de ella. Pierda cuidado, le prometo que va a descansar como se debe.
El médico asintió con evidente aprobación.
—Así me gusta. Esa es la actitud que debe tener un futuro padre.
Noel se detuvo un segundo y le dijo a Isaac:
—Ponle la capucha del abrigo.
Isaac captó la indirecta al instante y le subió la capucha sobre la cabeza con mucho cuidado.
Incluso le acomodó el cubrebocas para que le tapara bien la cara.
Nanette quedó tan cubierta que apenas y podía ver por dónde iban.
De no ser porque tenía miedo de que el hombro le doliera si se reía, habría soltado una carcajada.
Esos dos llevaban tanto tiempo trabajando juntos que hasta se parecían.
Tenían el mismo carácter.
Cuando el traumatólogo vio que la traían cargando, pensó que se había lastimado las piernas y automáticamente hizo el ademán de revisárselas.
—Es el hombro —aclaró Nanette, apenada.
El doctor la revisó palpando la zona afectada.
—En principio no parece nada grave, pero si quieren quedarse más tranquilos, podemos hacerle unas radiografías para descartar alguna fisura.
—Está embarazada —le advirtió Noel.
Nanette pensó: «Él piensa en todo mucho más rápido que yo, y eso que yo soy la mamá».

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó