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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 185

—Como muestra de nuestras disculpas, le regalaremos dos botellas de vino tinto. Le ruego que sea comprensiva y nos pase por alto este error.

Nanette se quedó perpleja por un buen rato.

No estaba segura de si el gerente realmente se dirigía a ella.

Casi lo olvidaba.

El Restaurante La Terraza Real era propiedad de Noel y Venancio.

¿Quién de los dos habría dado esa orden?

Galileo se quedó mudo por la sorpresa.

Ivón y Anatolia se miraron confundidas.

No entendían por qué el gerente del Restaurante La Terraza Real le mostraba tanto respeto a Nanette.

Si a alguien debían tratar así, era a la familia Godoy, ¿no?

Anatolia sintió que su orgullo había sido herido y habló con un tono cortante.

—Hasta que no tengas el acta de divorcio en tus manos, sigues siendo la nuera de los Godoy. Y aunque la tengas, según el acuerdo, no puedes hacerlo público durante seis meses.

—Así que, cuando salgas, te exijo que cuides tu comportamiento. ¡No olvides cuál es tu lugar ni lo que firmaste!

Nanette sonrió con sorna.

—No me digas que crees que me estoy acostando con el dueño del restaurante, y que por eso me tratan mejor a mí que a los poderosos Godoy.

Hizo un énfasis muy marcado en la última frase.

Anatolia quiso explotar, pero se contuvo porque era el cumpleaños de su adorada nieta.

Ivón, por otro lado, no tenía pelos en la lengua.

—¡Tú solita te echaste de cabeza! Seguro ya estabas buscando un reemplazo mientras planeabas divorciarte de nuestro Galileo.

—Como ya te acostumbraste a la buena vida con los Godoy, ya no quieres batallar. Y para seguir de vividora, te pusiste a coquetear con los hombres de la alta sociedad, ¿verdad?

Nanette ladeó la cabeza y miró a Galileo.

—Galileo, ¿ya ves? Divorciarnos fue la mejor decisión.

Dicho esto, subió las escaleras sin mirar atrás.

Como Galileo no podía desquitarse con Anatolia, descargó toda su frustración en Ivón.

—¡Nanette no es como ustedes piensan! ¿Podrías dejar de armar un escándalo por todo? ¡Ya firmé el acuerdo de divorcio, así que déjenme en paz por unos días!

Después de gritar, se marchó hecho una furia.

Ivón se quedó con los ojos pelados del coraje.

Yolanda se mordió el labio y negó con la cabeza.

A Ivón le pareció rarísimo.

—Qué raro que no te haya dicho nada. No tiene sentido.

Para no quedar mal, Yolanda intentó justificarlo.

—A lo mejor ha estado muy ocupado... o tal vez pensó que ustedes me iban a decir, por eso no me comentó nada.

Ivón se dio por satisfecha con esa explicación.

—Bueno, da igual. El punto es que ya se van a divorciar, así que ni vale la pena molestarnos por esa mujer.

Al ver que Yolanda seguía distraída, le sonrió.

—Si Galileo se va a divorciar, significa que pronto se casará contigo. ¿No te da gusto?

Por supuesto que le daba gusto.

Al parecer, tendría que poner en marcha el plan de su padre cuanto antes.

No podía permitir que Galileo y esa mujer se echaran para atrás con el divorcio. Tenía que echarle más leña al fuego.

Tal vez esta misma noche se le presentaría la oportunidad perfecta...

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