—¿Por qué no te lo secaste?
—Me dio flojera, me anda doliendo la espalda.
—Hubieras traído a alguien contigo. Te fuiste tú sola manejando hasta acá, a veces parece que se te olvida que estás embarazada.
—Claro que no se me olvida, pero me emocioné tanto cuando supe que mi mamá biológica podía estar viva que casi salgo volando para acá.
Pero al final...
A Nanette le dio otro vuelco el corazón.
Rogaba porque no se hubieran equivocado.
Que Diosito se apiadara de ella, después de veintiocho años viviendo con el miedo pegado al pecho, extrañando a su mamá.
Noel entró al baño.
Nanette pensó que se iba a lavar los dientes.
Pero regresó con la secadora en la mano.
—No puedes dormirte con el pelo mojado, hay que secarlo. —Sonaba tan serio que hasta daba un poco de risa.
Nanette se sonrió y quiso agarrar la secadora.
—Me dijiste que te dolía la espalda, ¿no? Yo te ayudo —le dijo Noel.
Nanette se quedó pasmada.
No le parecía que fuera buena idea...
—Míralo como un jefe buena onda echándole la mano a una colaboradora embarazada.
Aun así, ella dudaba.
Pero Noel ya había conectado el aparato y estaba listo.
Nanette se hizo un poquito más para su lado de la cama.
Él empezó a secarle el cabello en silencio.
Lo hacía con una delicadeza que desarmaba, como si hasta el aire le pidiera permiso a su cabello.
A Nanette le llegó un recuerdo de repente.
Cuando andaba con Galileo, siempre se imaginaba que él tendría detalles súper románticos con ella.
Como secarle el pelo.
Al final, no hizo ni una sola cosa linda.
Pero eso sí, fregaderas le hizo al por mayor.
Y ahora que otro hombre sí lo estaba haciendo, no se podía dar el lujo de hacerse ilusiones.
A fin de cuentas, él nunca sería para ella.
Noel: [Está dormida en la cama de al lado.]
A Isaac casi le da un infarto al leer eso.
Después de pensarlo un minuto, se animó a contestar:
[Jefe, haga lo que haga, cuente conmigo para siempre. Y no se preocupe, así me metan a la cárcel, me llevo el secreto a la tumba.]
Noel sonrió al leerlo.
[Hubo deslaves, está cayendo un tormentón y todos los hoteles estaban a reventar. Solo encontramos una habitación, pero menos mal, tiene camas separadas.]
A Isaac le valía madres si era cama matrimonial o separadas.
[Jefe, con todo respeto, ¿qué se siente estar a solas en un cuarto con mi ídolo?]
Noel giró la cabeza para ver a la mujer que dormía, con la mirada rebosante de ternura.
Los labios de Nanette se movieron, murmurando algo en sueños.
Al principio fue inaudible.
Hasta que soltó un claro «Mamá», que le estrujó el corazón a Noel.
Sabía perfecto lo desesperada que estaba por volver a pronunciar esa palabra.
Ojalá pudieran hacer realidad su sueño.

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