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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 931

Gael soltó un bufido gélido.

—Que le transfieras los veinte mil pesos que le prometiste lo antes posible.

Iris se mordió el labio con fuerza.

—No los tengo, yo...

—¡Basta! —Gael levantó ambas manos en señal de alto—. No me cuentes tus problemas. ¡Me importan un carajo!

La miró con dureza.

—Pero escúchame bien: no vuelvas a decir que te gusto, ¡porque es imposible que yo llegue a sentir algo por ti!

Sus palabras cortaban como cristal.

—Y, sobre todo, me repugna la idea de que alguien tan torpe y cobarde se fije en mí.

Gael se inclinó levemente hasta que su rostro quedó a centímetros del de ella. Su expresión era implacable; sus ojos, dos témpanos de hielo.

—Tus sentimientos no son más que un estorbo para mí. ¿Te quedó claro?

Iris tragó el nudo que le estrangulaba la garganta, reprimiendo las lágrimas con todas sus fuerzas.

—Me quedó claro.

La vieja puerta chirrió al abrirse y volvió a chirriar al cerrarse.

Adentro y afuera, quedaron dos personas cargando con un peso invisible en el corazón.

En la planta baja, Gael se paró bajo el pequeño alero, colocándose un cigarrillo entre los labios. La lluvia, impulsada por las ráfagas de viento, le empapaba la ropa y apagó la llama del encendedor apenas intentó encenderlo.

***

Nanette recibió la llamada de Iris justo cuando ella y Noel llegaban a casa.

Noel sacó las pantuflas del mueble de la entrada y se agachó frente a ella.

Nanette estaba tan concentrada en la llamada que, de forma puramente instintiva, fue levantando un pie tras otro sin prestar atención a lo que sucedía a su alrededor.

Solo al colgar y mirar hacia abajo se dio cuenta de que ya tenía los zapatos cómodos puestos.

Noel se los había cambiado.

A pocos pasos de distancia, Melba observaba la escena con una sonrisa dulce y maternal. Su expresión era la de una madre que ve a su hija siendo adorada y mimada, sintiendo una alegría genuina en el fondo de su corazón.

Nanette se ruborizó levemente.

—No tenías que cambiarme los zapatos.

Noel le sonrió con una ternura infinita.

—Con tu estado es incómodo agacharte. Es mi deber cuidarte.

—Pero tú eres... —intentó protestar ella.

El hijo mayor del clan Cortés, el único heredero de la familia Cortés, el famoso Tercer Joven Amo que dominaba Puerto Alba...

Arrodillado, cambiándole los zapatos.

Si alguien de afuera lo viera, jamás lo creería.

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