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No Tan Bruja romance Capítulo 763

Nancy estaba tan furiosa que se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Ella me lastimó, ¿no lo ves?

—¿Dónde te lastimó? —preguntó Máximo.

Nancy levantó la muñeca frente a él.

Máximo la miró sin ninguna expresión.

—¿Y la herida?

Nancy buscó meticulosamente cualquier rastro de lesión en la zona dolorida.

Pero aparte del dolor, la piel estaba intacta.

Entonces, comenzó a hacer pucheros frente a Máximo.

—Que no haya herida no significa que no me duela. Maxi, no puedes dejar que la gente a tu alrededor me intimide así.

Los hombres suelen temer a las lágrimas de las mujeres.

Ella no creía que el corazón de Máximo fuera de hielo.

Pero Nancy realmente sobreestimaba la humanidad de Máximo.

Habiendo pasado por tantas tormentas desde joven, las lágrimas de una mujer no valían nada para él.

Si Nina llorara frente a él, la abrazaría y la consolaría.

Pero al ser Nancy quien lloraba, su interior permanecía en completa calma.

—¡Pff!

Ante esa situación, a Nina se le escapó una risa.

—Nina, ¿de qué te ríes? —preguntó Máximo.

A Nina no le importó en absoluto manchar la imagen de Máximo frente a él.

—Me río de lo pésimo que era tu gusto en el pasado. Realmente cualquier cosa te llamaba la atención.

Máximo, que salió salpicado sin deberla ni temerla: «...»

Nancy, humillada en público: «...»

Nina les hizo una seña a Yeray y Ramiro, quienes seguían pasmados.

—Tengo hambre, vamos a comer.

Yeray respondió con un «¡Sí!», y siguió a Nina pegado como una colita feliz.

Ramiro también aguantó la risa y se fue con Nina junto a Yeray.

Máximo se apresuró a alcanzar a Nina y le tomó la mano con firmeza.

—La tentación de los uniformes es algo que tu esposo espera con ansias en este momento.

Como resultado, Máximo tuvo el honor de recibir un «¡lárgate!».

Solo cuando el grupo desapareció al final del pasillo, Nancy permitió que la mirada venenosa en sus ojos estallara.

¿Avergonzándola a propósito, verdad?

Muy bien, haría que quienes la humillaron pagaran el precio.

***

En la sala VIP reservada por Máximo, Nina, que se moría de hambre, no tuvo reparos en devorar la mesa llena de comida.

Mientras comían, Nina respondió a la duda que había estado atormentando a Yeray:

—La piel de su muñeca no se lastimó, pero los tendones sí sufrieron daño. Tendrá que reposar unos días para recuperarse.

Yeray seguía con cara de interrogación.

—Entonces, ¿cómo la lastimó exactamente, señorita Villagrán?

Máximo le sirvió a Nina unos camarones borrachos, su plato favorito, y le explicó a Yeray:

—El flujo de aire generado por la aguja de plata que salió disparada del estuche de Nina dejó un impacto dañino en su muñeca.

Solo los artistas marciales de alto nivel podían usar el flujo de aire para herir a alguien.

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