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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 265

Lucía le pedía que la ayudara a convencer a Enzo de unirse al Grupo Romero a cambio de un pago de doscientos mil pesos.

Elena pensó que si un chico como Enzo entraba al Grupo Romero a trabajar bajo las órdenes de una inepta como Adriana, su carrera quedaría arruinada.

Por lo tanto, rechazó la oferta.

Lucía intentó marcarle, pero Elena la ignoró.

Enzo fue dejando primero a la tía, a la prima y a la abuela, hasta que finalmente quedó a solas con Elena para llevarla a su casa.

Al ver que Elena vivía en una zona tan exclusiva, se quedó muy sorprendido.

—Elena, ¿esta casa es tuya?

Elena no tenía intención de ocultárselo:

—Sí, me la regaló mi "exmarido".

—¿Estás divorciada? —Enzo se sorprendió aún más.

Elena asintió.

Podría decirse que sí estaban divorciados.

Pasado el impacto inicial, Enzo recuperó la compostura rápidamente.

Era obvio que con lo guapa que era Elena tuviera quien la pretendiera y la quisiera.

Lo único que lamentaba era haber nacido unos años después que ella.

Además, ¿qué importaba si estaba divorciada? A él le gustaba Elena y su pasado lo tenía sin cuidado.

—Perdón, no debí tocar ese tema tan doloroso para ti —se disculpó Enzo.

A Elena le parecía que este Enzo no tenía nada que ver con el chico que acababa de presentar una entrevista de trabajo.

Soltó una sonrisa y le dijo:

—Muchas gracias por traerme a casa. Ya es tarde, vete a descansar.

—Claro, ni lo menciones, fue un placer.

Enzo quería lucir como un hombre maduro e irresistible frente a ella, pero su inexperiencia lo traicionaba y lo hacía verse más bien adorable.

Elena se despidió de él agitando la mano.

Se esperó a que el coche arrancara para poder entrar a su edificio.

Apenas llegó a la puerta de su departamento cuando la puerta de enfrente se abrió.

Alejandro, que llevaba puesta ropa de estar en casa color negro, agitó levemente la mano izquierda:

—Elena, ¿me haces un favor?

Elena vio que traía la venda de la mano izquierda hecha un desastre; era evidente que había intentado cambiarse el vendaje pero había fallado en el intento.

Ella asintió y lo siguió al interior de su departamento.

Alejandro le preguntó como quien no quiere la cosa:

—¿Quién te trajo a tu casa hoy?

Elena lo miró confundida.

Él mantenía una expresión serena:

—Estaba junto a la ventana cambiándome el vendaje y lo vi por casualidad. ¿No será alguien molestándote? Si necesitas ayuda con eso, dímelo.

Alejandro cortó la llamada sin dudarlo.

Y se dirigió a Elena:

—Mañana salgo de viaje de negocios por tres días. Si llegas a necesitar ayuda con algo, márcame.

Elena miró su mano:

—Tu mano no ha sanado del todo, trata de descansar lo más que puedas.

Alejandro sonrió:

—No te preocupes, no me afecta en lo más mínimo.

En cuanto salió del departamento de Alejandro, Elena recibió una llamada de Fernando.

Fernando le dijo:

—Elena, el próximo martes por la noche habrá una cumbre de innovación y desarrollo farmacéutico. A mí se me complicó la agenda, así que necesito que vayas en mi lugar. Ponte algo formal, porque vas a subir a dar una presentación.

Elena se quedó paralizada por un instante:

—Profesor Álvarez, ¿no cree que sea demasiado?

A esa clase de cumbres solo invitaban a exponer a figuras consolidadas en el campo de la investigación. Ella era solo una de sus estudiantes, no tenía la trayectoria necesaria.

Fernando adivinó su preocupación y soltó una risa:

—Tranquila, ya le mandé tu tesis y los resultados de tus investigaciones al comité organizador. Reconocieron tu capacidad de inmediato, así que ve con toda la confianza del mundo. Es la oportunidad perfecta para que le demuestres a todos de qué estás hecha.

Como no tenía forma de negarse, Elena terminó aceptando.

El tiempo voló y llegó el día de la cumbre.

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