Elena llevaba un traje elegante, el cabello recogido en una coleta baja y un maquillaje sutil. Se veía muy profesional y segura de sí misma.
Apenas entró al lugar de la cumbre, vio a Adriel, Elías y Enzo.
Tras saludarse, se dieron cuenta de que sus asientos estaban juntos, así que aprovecharon que el evento aún no empezaba para conversar sobre temas de la profesión.
Adriel y Elías sentían más que nada admiración por Elena, sin ninguna otra intención.
Pero con Enzo era distinto; a él le gustaba Elena. Por eso, cuando estaba frente a ella, siempre se ponía rojo y tartamudeaba al hablar.
Al verlo así, Adriel no pudo evitar reírse por lo bajo.
Enzo, pese a su talento y capacidad, se había ganado la fama de ser arrogante con todo el mundo. Nadie habría imaginado que delante de Elena parecería un muchacho tímido.
Al final, siempre aparece alguien capaz de desarmarte por completo.
Lucía y Diego también entraron al recinto.
—Diego, ¿te acuerdas de lo que te dije?
Lucía no había parado de hablar en todo el camino sobre los planes de desarrollo futuro de la empresa.
Diego casi no le prestó atención; su mente seguía dándole vueltas al asunto de Elena.
De pronto, su mirada se clavó en una silueta familiar más adelante.
Sus ojos se iluminaron al instante.
Lucía lo detuvo de inmediato y le dijo de mala gana:
—La última vez llevaste cargando a Adriana embarazada al hospital, es normal que Elena esté enojada y no quiera hablar contigo. En un evento tan formal como este, no vayas a hacer el ridículo.
Diego sintió una punzada de incomodidad en el pecho.
—Lucía, ella es mi mujer, ¿qué tiene de malo que vaya a saludarla?
Lucía suspiró para sus adentros.
Su tonto hermano no tenía ni la menor idea de lo que pasaba por la cabeza de Elena.
Temiendo que hiciera un berrinche ahí mismo, Lucía se puso seria:
—Puedes intentar reconciliarte con Elena cuando quieras, pero este no es el momento. ¿No ves cuánta gente nos está mirando? Compórtate. Lo primero es el trabajo, no vayas a echarlo a perder por un impulso emocional.
Al final, Diego recordó su posición.
Y ahora, se tragaba sus propias palabras. Qué ironía.
Cuando el experto en turno terminó, el presentador subió para invitar a Elena al escenario.
Adriel, Elías y Enzo no se sorprendieron para nada; aplaudieron con ganas, mirándola con mucha expectativa.
Hugo frunció aún más el ceño. ¡Qué buena era Elena para aparentar! ¿Y si la regaba en el discurso? ¿No le daba miedo hacer el rídiculo?
Diego tampoco esperaba que Elena subiera a dar unas palabras.
Se resistía a creer que sus habilidades de investigación estuvieran al nivel de los expertos presentes; seguro el profesor Álvarez la había recomendado.
Elena comenzó su presentación. Hablaba a un ritmo pausado, con mucho orden, mostrando una confianza total y un brillo especial en los ojos.
No solo Enzo, hasta Diego se quedó embobado.
Sintió que Elena había cambiado; antes rara vez irradiaba esa seguridad.
Al ver cómo no le quitaba los ojos de encima, Lucía le preguntó con curiosidad:
—¿Si algún día regresan, vas a apoyar a Elena en su trabajo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....