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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 60

Elena se imaginó que de seguro era Adriana otra vez.

Elena soltó una risa seca y quiso darse la vuelta para irse, pero Diego la sujetó de la muñeca.

—Espérame, deja contesto.

Desde el teléfono se escuchó la voz llorosa de Adriana:

—Diego... me corté el pie con un vidrio, me duele muchísimo...

Apenas la oyó, Diego se puso tenso de inmediato.

—Voy para allá ahorita mismo.

Soltó la mano de Elena, se subió a su coche y arrancó a toda prisa.

Elena regresó a su departamento y vio la foto que le había mandado Adriana.

En la imagen, Diego estaba en cuclillas frente a Adriana, con el pie de ella apoyado sobre su pierna mientras la curaba con un cuidado casi íntimo.

A Elena la escena le pareció miserable. Escribió un mensaje y se lo mandó a Adriana:

[Es lamentable que tengas que lastimarte y usar a un bebé para mendigar la atención de un hombre. Qué pena das.]

Adriana rechinó los dientes del coraje al leer el mensaje.

Si Diego no hubiera estado ahí mismo en la casa, Adriana ya habría llamado a Elena para desquitarse con ella.

***

El sábado, Elena tomó una maleta pequeña y se fue a casa de su tía.

Diego pasó por ellas en su coche; llevaba puesta ropa cómoda color blanco, lo cual lo hacía ver mucho más joven en comparación a sus típicos trajes formales.

Por pura coincidencia, Elena también llevaba un conjunto deportivo blanco.

Su abuela les dijo con una sonrisa que parecían la pareja perfecta y le pidió a un familiar que les tomara una foto juntos.

Diego no se hizo del rogar; se acercó a Elena e intentó tomarle la mano, pero ella se apartó.

La sonrisa se le tensó por un instante, pero enseguida volvió a posar para la cámara como si nada.

Después de mostrársela a la abuela, también se la enseñaron a Diego y a Elena.

Al ver la imagen, Elena sintió que sus sonrisas se veían forzadas; parecían un matrimonio desgastado que solo fingía estar bien para no preocupar a la familia.

Diego checó la hora y anunció:

—Bueno, ya vámonos.

Él mismo se encargó de subir todo el equipaje al coche.

Una vez adentro, Elena no tenía ganas de platicar, así que cerró los ojos y fingió quedarse dormida.

Al verla así, Diego prefirió no molestarla.

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