Elena se imaginó que de seguro era Adriana otra vez.
Elena soltó una risa seca y quiso darse la vuelta para irse, pero Diego la sujetó de la muñeca.
—Espérame, deja contesto.
Desde el teléfono se escuchó la voz llorosa de Adriana:
—Diego... me corté el pie con un vidrio, me duele muchísimo...
Apenas la oyó, Diego se puso tenso de inmediato.
—Voy para allá ahorita mismo.
Soltó la mano de Elena, se subió a su coche y arrancó a toda prisa.
Elena regresó a su departamento y vio la foto que le había mandado Adriana.
En la imagen, Diego estaba en cuclillas frente a Adriana, con el pie de ella apoyado sobre su pierna mientras la curaba con un cuidado casi íntimo.
A Elena la escena le pareció miserable. Escribió un mensaje y se lo mandó a Adriana:
[Es lamentable que tengas que lastimarte y usar a un bebé para mendigar la atención de un hombre. Qué pena das.]
Adriana rechinó los dientes del coraje al leer el mensaje.
Si Diego no hubiera estado ahí mismo en la casa, Adriana ya habría llamado a Elena para desquitarse con ella.
***
El sábado, Elena tomó una maleta pequeña y se fue a casa de su tía.
Diego pasó por ellas en su coche; llevaba puesta ropa cómoda color blanco, lo cual lo hacía ver mucho más joven en comparación a sus típicos trajes formales.
Por pura coincidencia, Elena también llevaba un conjunto deportivo blanco.
Su abuela les dijo con una sonrisa que parecían la pareja perfecta y le pidió a un familiar que les tomara una foto juntos.
Diego no se hizo del rogar; se acercó a Elena e intentó tomarle la mano, pero ella se apartó.
La sonrisa se le tensó por un instante, pero enseguida volvió a posar para la cámara como si nada.
Después de mostrársela a la abuela, también se la enseñaron a Diego y a Elena.
Al ver la imagen, Elena sintió que sus sonrisas se veían forzadas; parecían un matrimonio desgastado que solo fingía estar bien para no preocupar a la familia.
Diego checó la hora y anunció:
—Bueno, ya vámonos.
Él mismo se encargó de subir todo el equipaje al coche.
Una vez adentro, Elena no tenía ganas de platicar, así que cerró los ojos y fingió quedarse dormida.
Al verla así, Diego prefirió no molestarla.
—Si no me abrazas en la noche para dormir, de plano no puedo conciliar el sueño.
Pensando en el bebé, Diego bajó el tono, resignado pero incapaz de negarse del todo:
—Pero si me sigues hasta acá, ¿qué pasa si Elena empieza a imaginarse cosas?
Adriana lo miró con cara de no romper un plato y respondió:
—Yo no voy a decir nada raro, no tienes de qué preocuparte.
Diego no pudo evitar hacerle una recomendación más:
—Pues ten mucho cuidado con lo que haces, acuérdate de tu embarazo y no andes de un lado a otro.
Adriana le sonrió con coquetería:
—Ya sé.
Diego le revolvió el cabello con cariño y luego regresó adonde estaba Elena para ayudarlas a llevar las maletas a sus respectivos cuartos.
Él había reservado tres habitaciones; su plan original era darle una a la abuela, otra a la tía y a la prima, y quedarse él con Elena en la tercera.
Pero para su sorpresa, Elena se metió directamente a la habitación de la abuela.
Al ver que se negaba a dormir con él, Diego no supo si enojarse o reírse de la situación.
La verdad es que no esperaba que Elena siguiera tan distante después de tantos días. Aun así, paciencia le sobraba, y estaba convencido de que tarde o temprano lograría hacer que volviera a ceder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....