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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 723

—Mamá, creo que te está fallando la memoria —respondió Alejandro con frialdad—. La abuela siempre ha dicho que cuando tú te casaste y entraste a esta familia, ella jamás te hizo la vida imposible.

La señora Vargas sintió el golpe de sus palabras y su orgullo se resintió de inmediato.

—Pero olvidas que tu abuela también me impuso reglas estrictas, y yo jamás me atreví a desobedecerla.

—Eso fue porque cometiste errores absurdos, y la abuela tuvo que darte una lección para que aprendieras —continuó Alejandro, implacable.

La frustración de la señora Vargas alcanzó su límite.

—Al final del día, lo único que haces es favorecer a Elena y a tu abuela, sin importarte un comino mis sentimientos.

Alejandro encontró la queja de su madre sumamente irónica.

En el pasado, cuando ella favorecía descaradamente a Matías o a los miembros de la familia Carmona, le parecía lo más normal del mundo.

Pero ahora, solo porque él defendía a Elena y a su abuela, su madre armaba un escándalo como si fuera la víctima.

De pronto, sintió que quedarse allí discutiendo con ella era una absoluta pérdida de tiempo.

Sin decir una palabra más, retomó su camino hacia el interior de la sala velatoria.

Al ver que la dejaba con la palabra en la boca, la señora Vargas sintió que le faltaba el aire por el coraje, su pecho subiendo y bajando aceleradamente.

Alejandro entró y buscó su asiento.

Fue entonces cuando notó a una mujer sentada junto a su tío Leonardo: Liana Santini.

Leonardo ya había roto en llanto en varias ocasiones, y los familiares presentes suspiraban en silencio, conmovidos por el profundo amor que demostraba hacia Ofelia.

Liana sacó un pañuelo de papel para secarle las lágrimas con delicadeza y le ofreció una botella de agua.

Tras dar un sorbo, Leonardo volvió a clavar la mirada en el retrato de Ofelia, llorando en completo silencio.

Al finalizar el funeral, Alejandro salía de la sala cuando un niño de unos ocho años pasó corriendo y chocó de frente contra él.

Los guardaespaldas intervinieron rápidamente, apartando al niño.

En ese instante, Liana se acercó a toda prisa, puso al niño detrás de ella de forma protectora y se disculpó.

—Lo siento muchísimo, señor Alejandro. Mi hijo no se fijó y chocó con usted por accidente.

Alejandro la observó con detenimiento.

—No sabía que la subdirectora Liana estaba casada. ¿Cuántos años tiene el niño?

La señora Vargas también estaba adentro, acompañando a la anciana junto con una enfermera.

Alejandro echó un vistazo a su madre y notó que, muy en el fondo, parecía estar disfrutando del drama.

Cuando la anciana Vargas vio entrar a su nieto y a Elena, no pudo contenerse y comenzó a desahogarse sobre la atrocidad que Leonardo había cometido.

Resultó que, nueve años atrás, durante un viaje de negocios al extranjero, Leonardo había mantenido un romance secreto de medio año con Liana.

Por miedo a que Ofelia se enterara, Leonardo terminó la relación antes de regresar al país.

En aquel entonces, después de dar a luz a sus dos hijos, Ofelia había sufrido muchísimo debido a un embarazo ectópico.

Para evitarle más sufrimiento, Leonardo había decidido someterse a una vasectomía.

Sin embargo, antes de la operación, congeló muestras en un banco de esperma.

En el momento más intenso de su romance, Liana lo había convencido para que la acompañara a realizarse un tratamiento de fecundación in vitro.

Los tres primeros intentos fracasaron, y ambos estuvieron a punto de rendirse.

Pero poco después de separarse, el cuarto intento de Liana resultó ser un éxito rotundo.

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