Al ver la mirada hostil de la mujer, Elena decidió que no valía la pena buscar problemas.
Acomodó a su hija en brazos y se dispuso a irse.
Sin embargo, la señora Moreno rompió el silencio de golpe.
—Elena, arruinaste a mi hija, destruiste a mi familia perfecta. ¿Acaso no te remuerde la conciencia?
Elena sintió que el cinismo de la señora Moreno no tenía límites.
En su momento, Mariana casi la mata.
Y ahora, que simplemente la habían enviado a vivir al extranjero, ¿resultaba que era ella quien le había arruinado la vida?
La miró con frialdad y le respondió con voz firme.
—Precisamente porque tengo demasiada conciencia es que no me vengué de Mariana. Después de todo lo que me hizo, incluso si yo hubiera sido cien veces más cruel con ella, se lo tendría bien merecido.
Ya no era la misma Elena vulnerable y sin recursos del pasado.
El tiempo y las cicatrices habían forjado su carácter, volviéndola inquebrantable. Ya no le intimidaban los berrinches de esas supuestas familias de la alta sociedad.
La señora Moreno apretó los dientes, fulminándola con la mirada.
Si no fuera porque Alejandro y Bianca la protegían como a un tesoro, sin duda alguna la habría destruido.
Elena, ignorándola por completo, regresó a la habitación con su hija en brazos.
Cuando le contó a Bianca que se había topado con la señora Moreno, esta se indignó de inmediato.
—¡Esa mujer fue la que malcrió a su hija hasta convertirla en un monstruo, y ahora se atreve a culparte a ti, que eres la víctima! Si no fuera porque el señor Moreno le salvó la vida a Alejandro en el pasado, él habría usado métodos mucho más despiadados para hacer que Mariana pagara.
Elena prefirió no seguir escarbando en aquellos amargos recuerdos.
Una vez que Dante terminó sus exámenes médicos, Elena llevó a su hija, que ya cabeceaba de sueño, de vuelta a casa.
Alejandro, por su parte, se marchó directamente a la empresa.
Elena se acostó a tomar la siesta con su pequeña.
Al despertar, vio a su hija sentada en la cama, jugando en absoluto silencio.
En cuanto la niña notó que su madre abría los ojos, se acercó gateando y le dio un tierno beso en la mejilla.
—Buenos días, mamá.
Elena soltó una risita suave.
—Mi amor, ya es de tarde.
Incapaz de resistirse, llenó de besos las mejillas regordetas de su hija.
***


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....