Si él y Bianca no se hubieran separado, toda esa felicidad de la que ahora disfrutaba Dante habría sido suya.
Ninguno de ellos notó su presencia, y se marcharon del hospital entre risas y charlas animadas.
El pecho de Hugo se oprimió aún más.
Con la ayuda de su asistente, entró a hacerse unos análisis y a recoger sus medicamentos.
Ver cómo otros tenían a sus familias cuidándolos lo hizo sentir miserable.
Él también tenía hijos, pero ahí estaba, enfermo y más solo que nunca. Ninguno de ellos estaba ahí para preguntarle cómo se sentía ni para cuidarlo.
Su asistente lo llevó de regreso a casa.
Hugo se acostó solo en su enorme cama.
La empleada doméstica le llevó un poco de agua y unos bocadillos.
Los dulces empalagaban.
El agua estaba hirviendo.
Nada parecía estar bien.
Hugo le había repetido mil veces que no podía comer cosas con tanta azúcar.
Pero la empleada se los llevaba cada dos por tres, y siempre se excusaba diciendo que se le había olvidado.
Al fin y al cabo, solo era alguien a quien le pagaba un sueldo; jamás le importaría realmente su salud.
Si su matrimonio con Bianca no se hubiera hecho pedazos, ella estaría ahí, cuidándolo con esmero, y la casa funcionaría a la perfección.
De pronto, sonó su celular.
Era Viviana.
En cualquier otra ocasión, Hugo habría ignorado la llamada.
Pero cuando un hombre está enfermo, es cuando se siente más vulnerable.
Así que terminó contestando.
Media hora después, Viviana apareció en su puerta.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....