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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 931

Selina regresó a su escritorio con el ánimo por los suelos.

Al mediodía, incapaz de contener su frustración, le hizo una videollamada a la señora Molina.

—Me dijiste que al director le encantaba el café. Se lo preparé yo misma y se lo llevé, pero me trató con una frialdad terrible. ¿Estás segura de que tu información es correcta?

La señora Molina, al ver la ropa que llevaba puesta la chica a través de la pantalla, bufó con fastidio.

—¿Acaso no te lo advertí? El director Vargas prefiere el estilo de Elena. Elegante, reservada, fría y, sobre todo, enfocada en su carrera. Si te vistes como una cualquiera y te le ofreces en bandeja de plata, ¡obviamente te va a rechazar!

El regaño hizo que Selina se sintiera aún peor.

Sin embargo, ahora entendía en qué se había equivocado y decidió cambiar de táctica.

Al día siguiente, cuando entró a dejarle unos documentos para firmar, no se atrevió a hacer ninguna insinuación inapropiada.

No solo vestía de manera impecable y profesional, sino que su tono de voz fue estrictamente laboral.

Alejandro tomó su bolígrafo de diseñador, listo para firmar, cuando de pronto, una alarma sonó en su teléfono.

Selina parpadeó, sorprendida.

¿Qué asunto podría ser tan importante como para que el temido director Vargas programara una alarma especial?

Alejandro apagó el sonido, tomó el móvil y le hizo una videollamada a Elena.

Elena acababa de salir del laboratorio. Se quitó la mascarilla, mostrando un rostro hermoso pero cansado.

—¿Qué pasa? —preguntó con voz suave.

El tono frío y distante de Alejandro se transformó al instante en una dulzura que Selina nunca había escuchado:

—Anoche te resfriaste. Te tomaste la primera pastilla a las siete de la mañana, así que te llamo para recordarte que ya es hora de la segunda dosis.

Elena suspiró con resignación.

—Esa medicina me da mucho sueño. Mejor me la tomo en la noche.

—Ni hablar. Últimamente tienes las defensas por el suelo. Un resfriado debe tratarse a tiempo, si no lo haces, terminarás con fiebre y amigdalitis. Sé perfectamente que no vas a pedir el día libre para descansar, así que tienes que curarte ahora mismo.

Sin más remedio, Elena cedió.

—Está bien, la buscaré ahora.

—Tómatela ya —insistió él, protector—. No voy a colgar hasta que vea que lo haces.

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