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Secreto indecente romance Capítulo 11

—M-me, me duele…—Liana se aferra a la pared como si ella pudiera salvarla.

—Eso lo sé, únicamente estamos probando que tanto puedes resistir —la rubia aplana los labios aun sintiendo la punta de la polla de ese hombre en la entrada de su culo—. Pero como sabrás, estoy muy duro Liana, este asunto lo tendrás que resolver.

—Pero, ¿Cómo? —gime.

—Solo déjame probar un poco…—susurra contra su oído.

—¿Probar? —suelta con un jadeo.

Y es cuando ella siente un poco de presión en su culo lo que la lleva a dar un pequeño gritico que término siendo cubierto por la mano de ese hombre.

No le dolía tanto, pero la presión que sentía en la entrada de su ano no era normal. Aunque si podía sentir que estaba muy mojada. Giovanni la tenía sujeta de la cintura mientras que con la otra mano cubría su boca, y tan solo la cabeza de su polla era la que penetraba un poco su culo.

Ella negaba, pero él no se alejaba de ella. Liana cierra los ojos y recuerda que todo se valía en aquel acto sexual, ella había dado su palabra de cumplir en entregarle todo a ese hombre, pero entonces, porque sentía que lo estaba disfrutando.

Giovanni no la oyó quejarse más, sin embargo mantenía su mano sobre su boca para evitar cualquier grito sorpresivo. Él no pensaba meterle toda la polla a esa chica, solo la estaba tanteando un poco.

Pero con esa prueba que estaba haciendo el CEO consiguió correrse, al bajar la mirada y observa como su polla explota en la entrada del culo de Liana. Su semen se riega entre sus nalgas y caderas dejándola hermosamente adornada.

En ese momento que su polla eyacula, ella da un respingo al sentir como la rocía con su semen.

—Eso estuvo bueno, ¿no lo crees, Liana? —pero ella no responde, así que él la toma por el cuello y la hace mirarlo de soslayo —. ¿Te ha gustado? —la rubia lo ve con aquellos ojos expectantes.

—Sí, me ha gustado —la miraba con aquellos ojos brillantes y penetrantes y sonríe con maldad puesto que siente que ella no le está mintiendo.

—¡Así me gusta! —Giovanni besa sus labios para luego alejarse de ella.

Liana logra respirar con calma cuando él se aparta, al darse la vuelta divisa que él ya había guardado su polla lo que la decepciono un poco ya que ella muy en el fondo deseaba vérsela. Luego frota su mano por su trasero y siente algo baboso.

—Estoy mojada.

—Eres tan ingenua, Liana. Creo que eso es lo que me vuelve loco de ti —Giovanni se aproxima a ella acorralándola contra la pared —. Solo me provoca subirte el vestido y meterte la polla hasta lo más profundo de tu coño —gime contra sus labios —. ¿Lo entiendes?

Él la mira fijamente al ver que la rubia no le responde, entonces toma la mano de Liana y la lleva hasta su polla que aún se encontraba dura. Consigue que ella se la apriete y es cuando la joven reacciona dando un respingo.

—¡Demonios! ¿Qué es eso?

—Tú me pones así…

El coño de Liana empieza a excitarse, ese hormigueo la estaba enloqueciendo y ahora sujetando el pene de ese hombre más lujuriosa la ponía. Entre abre los labios al sentir la respiración de Giovanni contra sus labios.

Traga saliva en seco…

—Cuando llegue el momento te cogeré tan rico que te aseguro que no podrás estar con nadie más por un buen tiempo.

Ella pestañea y entonces, él la beso con intensidad. Restregó su polla contra su pelvis al mismo tiempo que envolvía su cintura con su brazo. La rubia le echo los brazos al cuello y ambos volvieron a calentarse.

Liana le estaba agarrando el gusto a besar, de hecho sentía que lo estaba haciendo mejor. Definitivamente con ese hombre iba a aprender muchas cosas.

—¿No tienes que irte? —Giovanni musita contra sus labios, aun fino hilo de saliva los mantenía unidos y sus cuerpos seguían muy pegados.

—S-sí, sí, ya debo irme…

El CEO se separa de ella y sonríe.

—Muy bien, ya te puedes ir.

Liana no se lo pensó dos veces para salir huyendo por las escaleras. Giovanni la observa correr despavorida, el CEO guarda sus manos en los bolsillos y es cuando repara en algo, mira el suelo y se fija que las pantaletas de ellas estaban en el piso.

Las recoge y sonríe de nuevo al ver que ella usaba unas pantaletas bastante puritanas. El castaño suspira y guarda las bragas en su bolsillo. Cada día se volvía más obsesionado con ella.

[…]

Al día siguiente James es llamado a la oficina de su jefe, el hombre traga saliva y se encamina hasta el despacho de Giovanni, quien lo esperaba detrás de su escritorio.

—Señor Parker, tome asiento por favor.

—Muchas gracias, señor. ¿Qué se le ofrece?

—James, necesito que haga un viaje por mí —Giovanni sonríe falsamente.

—¿Un viaje? ¿Qué clase de viaje, señor Carter?

Giovanni se recuesta en su silla y respira tranquilamente.

—Un viaje que le tomara dos días, necesito que vaya a otra ciudad y resuelva un asunto relacionado con los registros de mi otra empresa. Sé que allá tengo a una persona capacitada, pero me he dado cuenta de que usted sabe lo que hace. Por esa razón decidí enviarlo para que lo resuelva.

—Pero, yo no tengo dinero para salir de viaje señor Carter.

—No se preocupe por eso, yo voy a costear todo.

—Pero —susurra…

—¿No puede hacer el trabajo?

En ese momento James levanta la mirada y vio seriedad en el rostro de su jefe, no podía decirle que no, si le dieron otra oportunidad había sido por algo. Y si se quedaba sin empleo su hija se iba a poner muy triste.

Sin embargo, salir de viaje por dos días dejando a Liana sola no era algo que le agradece mucho.

—¿Algún inconveniente?

—No, ninguno, haré ese viaje, señor Carter.

De igual forma, le iba a tocar dejarla sola.

—¿Qué está haciendo aquí? ¿Paso algo con mi papá?

—¿Acabas de salir de la ducha? —afina sus ojos al mirarla de abajo hacia arriba.

—Si —responde con un hilo de voz.

Giovanni se aproxima hasta donde estaba ella para tomarla por las caderas con ambas manos, estrecha su cuerpo con el de ella mientras que relame sus labios con morbo.

—Que buen recibimiento.

—No puede estar en mi casa.

—Tu padre ya se ha ido, nadie más vendrá a molestar.

Y es cuando ella cae en cuenta, como no lo pensó antes. Giovanni lo planeo todo, envió a su padre fuera solo para que ella se quedara sola, y si eso era cierto, entonces ese hombre estaba buscando era tomar su virginidad de una vez por todas.

—¿Lo planeo todo?

—Por supuesto que sí.

En ese momento comenzó a aflojar el nudo de su bata y al dejarla libre del lazo, coló sus manos por debajo de la misma para apoderarse de su cintura apretando su piel con fuerza.

—No soy ningún tonto, Liana. Yo te quiero solo para mí.

—Durante un mes…—aquella respuesta lo hizo fruncir el ceño.

Así que sin más, sujeto a la rubia por la curvatura de su culo para elevarla del suelo. Giovanni abrió un poco más sus muslos para acomodarse en medio de su cintura. El CEO se apodero de su boca y empezó a caminar con ella en brazos.

En cuanto entraron en la recámara se fue directo a la cama y con ella sobre él se tumbó en sobre el colchón.

El beso se hizo más fiero y lujurioso a medida que él frotaba su polla contra el coño de ella completamente desnudo. Deslizo una mano por la curva de su teta, bajo un poco más por su costilla hasta coronar su cintura.

En ese instante muerde sus labios y es cuando lleva sus dedos traviesos hasta el coño de ella que curiosamente ya estaba bastante mojado y resbaloso. Relame sus labios y vuelve a besarla introduciendo su lengua hasta lo más profundo.

Conjuntamente, aparta los labios vaginales de Liana e introduce un dedo en su pequeño y estrecho agujero escuchándola como jadea al sentir que está siendo penetrada.

—¿Esto te gusta, nena? —gime contra sus labios semi abiertos —. ¿Te fascina que te folle así? —pegunta masturbando su coño y besando sus labios esporádicamente.

—¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!, si me gusta, me gusta lo que me hace, señor Carter.

Liana mantenía los ojos cerrados y los labios abiertos, Giovanni penetraba su vagina con suavidad y besaba sus labios deliciosamente de vez en cuando. Todo el cuerpo de ese hombre estaba sobre el de ella, pero no le importo.

Luego siente como él abre su bata de par en par descubriendo el resto de su cuerpo, segundos después empieza a chuparte una de sus tetas lo que la hace arquear su cuerpo. La estaba torturando y de la mejor manera.

—Señor Carter —gime sujetando el cabello de Giovanni para apretarlo contra su teta —. ¡Ah! ¡Ah!

Ella estaba tan caliente y excitada, se preguntó si era consciente de eso.

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