Siempre preguntaba lo mismo luego de que terminaban, Liana se interrogaba porque tenía que ser así con ella… ¿sería porque no sabía nada del sexo? Quizás solo se aseguraba de que luego ella no se quejara o lo dejara mal visto en cualquier parte.
No encontraba otra explicación para su preocupación, dudada que fuese porque ella le interesaba como para otra cosa. ¡Eso sí era absurdo de pensar!
Liana levanta la mirada y asiente, Giovanni le echa algunos mechones de cabello suelto detrás de la oreja y sonríe un poco lo que causa un gran revuelco en su corazón.
¿Qué le estaba pasando con él?
No debía estar sintiendo nada de eso con ese hombre, él era prohibido para ella. Nunca tendrían nada más que no fuese sexo.
—Vamos a la cama, ¿te parece?
—Si.
Eso era, solo sexo por unas semanas más es lo que tendrían en común y nada más…
[…]
Al día siguiente cuando Liana despertó se imaginó que lo haría sola en la cama, pero resulta que no fue así, Giovanni estaba a su lado completamente dormido envolviendo su cuerpo con aquellos fuertes brazos.
Ella observa su cuerpo medio desnudo, ese pecho fuerte y aquel rostro con rasgos fuertes, pero a la vez tan elegantes que siente que todo su cuerpo reacciona en segundos. Liana pestañea reiteradas veces sintiendo la necesidad de rozar esos labios con su boca.
La joven entre abre su boca, esa urgencia de probar nuevamente a ese castaño la estaba enloqueciendo. Pero intenta regresar a la realidad, puesto que no comprende lo que le estaba pasando con Giovanni.
Baja la mirada y observa ese abdomen firme cubierto por una fina capa de vellos cortos, el camino conduce hasta una parte de su cuerpo cubierto por la sabana, pero que ella podía sentir ya que ambos se acostaron desnudos.
Traga saliva al sentir que un hormigueo se apodera su coño, todo su cuerpo se había puesto muy caliente; tenía mucho calor. Era necesario que saliera de los brazos de ese hombre, o si no la pillaría calenturienta.
Se remueve un poco dándose la vuelta y es cuando siente que él aprieta su cintura lo cual la detiene.
—¡Estás hirviendo…!—musita contra su oído.
La mano de Giovanni descendió hasta la curva de su cadera; bajo un poco más hasta llegar a su entrepierna y termina coronando los labios de su coño.
—Hmmmm… estás tan húmeda y caliente—farfulla muy bajo.
Liana afina un poco los ojos al sentir como Giovanni hurga entre los labios de su vagina, los hace a un lado con sumo cuidado e introduce un dedo en su cuerpo lo que la hace arquearse. El castaño presiona la palma de su mano libre en su estómago para mantenerla quieta.
—Demasiado caliente, ¿en que estabas pensando pequeña traviesa?
—No… yo…
—¿No? —pregunta chupándole el lóbulo de la oreja —. Estás ardiendo en deseo, te has levantado muy cachonda, Liana. Eso me gusta en una mujer.
—No es cierto… —logra decir a duras penas.
—Para ser una novata en estos temas, eres muy efusiva y eso me excita mucho. Creí que tenía que enseñarte mucho, pero que no tendré que esforzarme tanto.
Liana muerde su labio inferior al escuchar las sensuales palabras de Giovanni acompañada de una fuerte penetración. Se la estaba follando con la mano y era la sensación más placentera del mundo.
Cierra los ojos y se concentra en esa mano que la estaba volviendo loca, abre más sus muslos y Giovanni se lo sostiene mientras sigue masturbándola con la otra mano. El CEO le chupaba el lóbulo de la oreja consiguiendo erizarle todos los vellos del cuerpo.
—Por favor, ya no puedo…
—Que bien, Liana. Alcanzas el orgasmo rápido, me pregunto qué tanto resistirás esta mañana.
—¡Ahhhh! —suelta un suspiro al conseguir correrse.
Giovanni seguía masturbando su coño empapándose la mano con sus fluidos, cuando ella termino de vaciarse, saca los dedos de su vagina y los conduce hasta la abertura de su culo. Baña el agujero de su ano con su propia esencia y frota levente el pequeño oyó.
Luego toma su polla para masajearla un poco con la mano llena de los fluidos de Liana, conduce su pene hasta la entrada de su ano y presiona suavemente.
—¡¿Qué hace?! —pregunta alterada.
—Relájate, solo respira y concéntrate en mi voz.
La rubia pestañea al sentir cierta tensión en su culo, pero estaba tan excitada y caliente que no le importo que ese hombre probara con ella en todos los modos posibles.
—De acuerdo—responde con un jadeo.
—Buena chica.
El CEO empuja un poco su polla contra el pequeño culo de la rubia, tanto él como ella estaban muy excitados y mojados. Su pene fue entrando en el trasero de Liana con un poco de dificultad, pero de manera asombrosa.
Ella jadeaba con fuerza, estaba muy abierta a probar todo con él y eso le fascinaba. Se imaginó que Liana sería una chica muy cerrada por ser virgen, pero desde un principio estuvo bastante accesible aunque muriera de la vergüenza.
El castaño besa su cuello de manera lenta, chupaba y lamia su piel al mismo tiempo que penetraba su culo. Liana lo sujeta del cabello e inclina la cabeza hacia atrás, arquea un poco su cuerpo y es cuando él entierra su pene hasta la mitad.
—¡Ahhhh! Eso dolió —se queja quedando inmóvil.
—Relájate.
Se quedó por un rato en esa posición esperando que ella se adaptara a su pene en su trasero, mientras tanto seguía besando su cuello, tocando sus tetas y acariciando el resto de su cuerpo.
En lo que la sintió un poco menos tensa, prosiguió con su misión de follarla por el culo. Avanzo un poco más y es cuando supo que no era conveniente que se adentrada más. Al menos no por el momento, su polla era muy grande para ella.
En ese punto Giovanni empezó a moverse un poco dentro de ella, tratando de hacerla correrse, conduce su mano hasta su coño y empieza a masturbarla al compás de las embestidas.
La rubia empezó a jadear con fuerza, hasta pudo sentir como movía un poco el culo hacia él. Ya estaba muy encendido para dar marcha atrás, así que acelero un poco los movimientos hasta que la escucha gritar de placer.
Liana grito al alcanzar el orgasmo y él no desaprovecho el momento para correrse también. Cierra los ojos y se vacía en el interior del culo de la rubia.
—¡Oohhhh! Joder, mierda que bueno fue esto —suelta con un gemido ronco.
Saca su polla y luego abraza el cuerpo de la rubia, Liana estaba muy caliente todavía.
—Me emputa coger contigo, Liana —ella abre los ojos y se da cuenta de sus palabras.
—¿Eres la del pedido de comida?
—¿Qué? —pregunta con burla —. ¡Claro que no! ¿Dónde está señor Carter?
Al escuchar el apellido de Giovanni, Liana se puso en alerta. Entonces esa chica tenía que conocerlo, y seguramente que esos dos se conocían muy a fondo. La rubia expreso una cara de no estar para nada contenta con la visita de esa mujer.
—¿Qué se le ofrece?
—¡Vaya! Se me ha olvidado que hoy venias a limpiar la casa.
La voz de Giovanni a sus espaldas hizo que la sangre le hirviera a Liana. Entonces esa mujer era la que limpiaba su casa, ahora entendía porque no tenía servicio diario. Si esa mujer se encargaba de todo.
Liana aprieta la mandíbula al sentir la presencia de Giovanni muy cerca, así que ella piensa que estaba demás allí, y lo que hace es alejarse de la puerta y subir las escaleras sin decir una palabra.
No era necesario que se quedara a escuchar lo que esos dos tenían que decirse, mientras subía iba pensando que seguro esa era la chica que él estaba llamando la otra noche. Iba toda llena de coraje, y no le daba nombre a esa furia que llevaba por dentro.
[…]
Giovanni observa a Liana subir las escaleras sin siquiera mirarlo, lo que él pudo hacer era fruncir la mirada. Aplana los labios y tomó la decisión de seguirla ya que le pareció extraño que se fuera de esa manera.
—Señor Carter, ¿puedo pasar? —la voz de la joven del servicio lo saco de estupefacción.
—Sí, limpia toda la casa, menos mi habitación —la rubia ensancha la mirada y luego lo ve alejarse de la puerta.
Ella se queda asombrada por el cambio drástico de su jefe, luego se pregunta quien sería esa muchacha. Hasta donde pudo ver llevaba puesta la ropa del señor Carter.
—¿Encontró mujer?
[…]
Era una tonta, como se le ocurría molestarse porque él tuviera otras mujeres. Era obvio que tendría un sinfín de chicas detrás de él. ¿Qué diablos la hacía pensar que ella era especial? ¿Qué era virgen? Bueno de eso hace rato que había dejado de serlo, así que ya de especial no tenía nada.
Se sienta en la cama y repara en su comportamiento de abajo, frota su rostro con impaciencia.
—¿Qué me está pasando? —susurra.
—¿Qué es lo que te pasa? —la voz de Giovanni la hace sobresaltarse, se da la vuelta y lo ve parado bajo el marco de la puerta con el ceño fruncido.
—Nada.
—Mientes muy mal.
—No me conoces para decir una cosa como esa.
—Conozco lo suficiente de ti como para saber que me estas mintiendo.
Liana aprieta la mandíbula, a veces odiaba esa maldita arrogancia con la que se dirigía a ella. La sacaba de sus casillas y ella que ya se sentía algo cabreada, y sin entender el motivo que era lo peor.

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